Viernes, 10 de Octubre 2025

LO ÚLTIMO DE

|

Antropología agropecuaria

Por: EL INFORMADOR


Nada más lejos de querer confundir a nuestros amables lectores con el título de la presente colaboración de esta amable página de los domingos, al exponer una variante de la sociología que estudia los antecedentes y comportamientos sociales de determinados grupos comunitarios; se da el caso de que la convencional sociología poco incluye, y esto, en breves menciones, el comportamiento de la sociedad rural sean éstos, de cualquier estrato económíco, educativo, político y cultural. En nuestro caso de mexicanos y jaliscienses, el capital de inversión directa tradicionalmente, estuvo en los grupos que formaron los hacendados; sólo con los cambios sociales con nuevas estructuras gubernamentales, el gran dinero en pocas manos o familias se fue diluyendo hacia una clase media emergente, aunque el capital de trabajo ha permanecido en los núcleos de escasos recursos mismos, que en la actualidad están sujetos a continuar igualmente “fregados”.

Reparto de tierras

Así debió ser el membrete de la oficina responsable y capacitada moralmente tanto como técnicamente para repartir la tierra en producción, o el suelo susceptible de trabajarse con una perspectiva de alta rentabilidad a mediano y largo plazos; pero (éste que nunca falta) lo que debió ser una oficina para trámites sencillos, la convirtieron políticos ignorantes (con honrosas y poquísimas excepciones) en un monstruo burocrático, profundamente penetrado por la corrupción, institución de la “reforma agraria”, secretaría de la cual no podemos deshacernos todavía los productores.

La dádiva recibida

Sin duda alguna que el corrido ranchero “El Barzón”, sigue siendo bandera del deseo de una posesión verdadera y legal de la tierra. En el reparto, en  el cual, se afectaron las tierras en producción, pasó lo que el pueblo ha expuesto como chunga: ¡te doy la tierra porque tienes derecho a ella! Muy bien; yo la recibo, me la como, o ¿qué hago con ella? Y ¿empieza la dádiva señor? Reparto no equitativo de aperos de trabajo que consistieron en una yunta de bueyes, un par de yugos y un par de coyundas; la semilla de maíz, frijol y garbanzo, en los primeros ciclos el campesino beneficiado, etiquetado como ejidatario, tuvo que pedirla prestada al “me prestas uno y te devuelvo cuatro” a su antiguo patrón el hacendado.

Los primeros que dieron la cara

Los hombres de bota minera, pantalón de montar y saracoff a la cabeza se hicieron notar como los primeros técnicos de campo, pues la mayoría de ellos eran egresados de la carrera de topografía. Es normal que los actuales productores agropecuarios, aceptemos que muchos de aquellos técnicos ejercieron su trabajo en el deslinde de tierras, con lo que arriesgaban su vida y algunos de ellos, fueron sacrificados, muertos en el campo del trabajo. Una incipiente –más por falta de la práctica en el campo que por su edad de fundación-, inició su aportación de técnicos de escritorio, posiblemente necesarios e indispensables para apoyar el atraco; esa  institución educativa para el agro es Chapingo, primera y centralizada escuela de élite.

El arribo a las oficinas gubernamentales de egresados para el trabajo de la producción agropecuaria, propició la formación de grupos de consejeros o de plano, directores de área, mismos que más pronto que tarde se hicieron banqueros para participar en las nuevas instituciones del crédito para el campo. Así nació Bandidal (populus dixit), perdón Banjidal  cuya sigla significó Banco Nacional (otra vez el centralismo) de Crédito Ejidal; con esta institución de préstamos al campesino, aparecieron los llamados “comisariados ejidales, pues no olvidemos la efervescencia socialista de la época; estos responsables de vigilar el buen desarrollo de la institución de ejido primeramente parcelario, fueron, han sido y siguen siendo de acuerdo al testimonio de esta columna viajera, individuos arbitrariamente impositivos, los primeros enemigos de sus propios compañeros, y es más; la mayoría de tales individuos se han convertido cuasi en nuevos hacendados por el acaparamiento de tierras baratas que han arrebatado a algunos mi
embros de su ejido.

La tierra prestada, el gran engaño

Múltiples problemas sociales en los que se suscitaron frecuentes hechos de sangre, propició el no ser dueño de la tierra, así que los beneficiados en las distintas categorías –porque las hubo y sigue habiendo- de la tierra fraccionada, que inicia desde la hectárea y media hasta las 10 para cultivo con 20 de agostadero; superficies que no han satisfecho las perspectivas de su producción. La falacia de la “canasta básica” que seguimos sufriendo hasta la fecha fue un concepto a criterio de los mandos detrás del escritorio. “Otro gallo nos cantara” si México hubiera copiado el sistema agropecuario portugués que, por la misma época de euforia –repetimos- socialista, sin embargo, allá se vendió la tierra al suscriptor para que éste pagara en un periodo de 25 años, con documento de propiedad en mano por 10 has., pronto se organizaron sociedades con superficies de 100 has. Aportadas 10 por cada suscriptor; el Gobierno instaló estratégicamente centrales de maquinaria para maquilar con un bajo costo pues nada es gratis
. Así, el campesino con su familia pudo instalarse en el espacio de una hectárea, aportando las otras nueve pues, a la sociedad. Los créditos se manejaron con funcionarios de moral vertical que despachaban en sencillas construcciones que ostentaron al frente el entendible membrete de Oficina del Crédito Agropecuario.

El contraste mexicano

Pronto, los graduados de agricultura fueron etiquetados como responsables del crédito al campesinado; sin conocimiento de los movimientos financieros los ingenieros, lejos de atender la práctica de su profesión, fueron sentados en los bancos oficiales y hasta particulares para desde su escritorio disponer de los dineros del pueblo. Es entonces que acostumbran “al sector de bajos ingresos” a mantener la mano pedigüeña esperando que papá Gobierno le resolviera cuando menos en parte (porque la otra, la manejaron los prestamistas agiotistas que nunca faltaron en cada localidad), así que el Gobierno derrochando el dinero, tirándolo al pozo sin fondo de la dádiva oficialista.

Sempiterna ignorancia

No obstante las “hornadas” de agrónomos y veterinarios de origen chapinguero, no hubo “una alma de Dios” de escritorio que diseñara una logística de aplicación práctica para que la presencia de técnicos se hiciera notar en las zonas y regiones donde, a la actualidad siguen siendo escasos.

En la época del alemanisco el campesino productor mexicano enfrentó cambios; con la supuesta epizootia de la fiebre aftosa, acabaron con la bueyada y a la vez empezaron a aparecer en los campos mayormente favorecidos con los créditos, maquinaria, con algunos implementos aunque no siempre los adecuados; pero faltaron operadores (tractoristas) capacitados para atender las necesidades de funcionamiento en el campo, así que mantenimiento de reparaciones estuvo y, hasta la fecha, dependiente de las agencias vendedoras. Con la novedad de la maquinaria que lógicamente (para quien entiende de números) aumentaba los costos de inversión de cultivos de nuestros granos tradicionales, hubo que obligar la aceptación de semillas mejoradas las que la sociedad toda no aceptaba o bien, les tenía cierta desconfianza; lo mismito que está pasando ahora con la agricultura transgénica. No se culpe al productor por la falta de información y establecer criterios para alcanzar y manejar la producción agropecuaria con formación.

Nuestros campesinos pues nos referimos al campesino de surco, no tuvo la oportunidad de manejar el concepto de créditos, garantías y seguros; como tampoco ha podido visualizar el mercadeo de sus cosechas; cierto es que han aparecido los “padrecitos del apoyo”, los sabios que saben cómo resolver nuestro problemón agropecuario. En tal virtud fue víctima y después corrompido por los agentes e inspectores de la hasta ahora indefinida reforma agraria (pregunta social: ¿qué nos quisieron decir con ello?). El agricultor de antaño bien sabía cómo vender sus cosechas de maíz, frijol, calabaza y garbanzo. ¡Ah!, pero llegó la Segunda Guerra Mundial y con  ella, la imitación de racionar los productos al consumidor. Faltaba más que faltaba menos le cantaron las sirenas al oído a don Manuel Ávila Camacho para que con el oportunismo correspondiente, establecer las tiendas 1,2,3; antecedente inmediata de la reguladora. Don Gabriel Ramos Millán, legislador de entonces, pero con miras oportunistas para el negocio, deposita la
responsabilidad del acaparamiento y distribución de los granos recosecha a dos cuatachos de él: don Tomás Valles y don Manuel Olvera, quienes cambian el nombre de reguladora por el de CEIMSA; esta empresa fue cuasi expropiada (se compró a bajo precio), para convertirse en lo que hoy es Conasupo con su filial Liconsa; ambas que dizque de bajos precios y, que dizque para ayudar al más desprotegido, término más o menos hipócrita porque la primera vende los mismos productos que cualquier changarro de pueblo y, la segunda es una acaparadora con el máximo de los despropósitos oficiales que tiene ahorcado al pequeño productor lechero con el precio que pagan por la leche que le entregan. Por cierto la leche que se recoge o, tiene acopio en los pueblos y rancherías, tiene la más alta calidad, pero, ¡eh ahí!, que el consumidor bebe el lácteo con sabor a producto en polvo. Esta columna viajera a los hechos y sucedidos en la sociedad rural ha testimoniado los cargamentos de leche en polvo importada, cosa que es un secret
o a voces.

Porque lo manifiestan algunos de nuestros lectores inmersos en el agro. Consideramos de elemental gratitud, volver a tocar el tema en colaboraciones posteriores.

ROBERTO SIERRA B. / Ingeniero agrónomo, asesor y consultor.
Correo electrónico: ing.sierra@yahoo.com

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones