Sábado, 02 de Marzo 2024

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Amnesia sugerida, aberración manifiesta

Por: EL INFORMADOR

“México debe romper con su pasado y mirar al futuro”, declara un intelectual de élite… aberración mayúscula que todo estudioso de la historia reconoce, porque ningún país exitoso ha olvidado su historia, por el contrario, es con base en ella que encontró la fortaleza de ser. Una mirada rápida a Polonia, país invadido durante centurias por distintos imperios, sin embargo, anclada en el aprecio a su pasado, a su cultura, a su idioma —sancionado por los invasores, sin embargo hablado en el sigilo de la familia como resistencia— logró vencer, sin guerras, con estrategias basadas en la consistencia cultural desde la familia, desde cada comunidad; acciones colectivas que fueron fortaleza social que impidió que ese país desapareciera y que hacen que hoy renazca fuerte.

Pero algunos intelectuales mexicanos prefieren sugerir el olvido: “La historia obstruye el camino al futuro”, como si al árbol milenario se le debieran cortar las raíces para que pudiera renovarse cada primavera… Frase que hasta un campesino sabe equivocada, pero claro, México ya no es campesino.

Y en este contexto, Gran Bretaña, que rompe con el Vaticano para cohesionarse desde lo inglés, sin más guía que la autoridad propia; país cuya historia como faro les permite construir futuro desde su identidad, desde su historia, aun desde las locuras de sus reyes… porque de esos descalabros nacieron reformas que hoy forman parte de su estructura como país. Y a nadie en Gran Bretaña se le ocurriría olvidar su pasado.

Jean Meyer, en su artículo La historia como identidad nacional, señala: “Quien dice identidad nacional, dice historia, y esto impone una enorme responsabilidad a quien elabora, conserva y enseña la historia”. Y agrega: “Porque todos tenemos una patria chica, una ‘matria’, dice Luis González, y pertenecemos a la Humanidad; sin embargo, la nación, para la mayoría de nosotros, pesa más. ¿Por qué?, porque la identidad nacional se ha afirmado y se ha identificado a su Estado propio en los dos últimos siglos”. Es decir, que historia e identidad, catapulta social y política, están estrechamente unidas.

La historia, agrega Meyer, “es maestra de vida y, como tal, factor positivo de la identidad nacional cuando es capaz de rescatar la voz de los ‘vencidos’, de los olvidados”. Tal y como ha pasado con la memoria de los cristeros, hoy recuperada; como ha pasado con la memoria de los maestros en esa dura época, ambos hechos parte de una historia dolorosa que se debe exponer como fue: una cruenta lucha. Porque “apaciguada y tolerante, la conciencia nacional encuentra un sutil equilibrio entre memoria y olvido, lucidez y amnesia, tradición e imaginación. Pero si cambia de dosis, si el olvido excede, se abre paso a la negación… Y la negación no es menos importante que la afirmación”. Porque quien olvida: mutila, y quien mutila no contribuye a la autonomía ni en las personas, ni en las naciones.

Paul Valery sentenció: “El olvido es una petición que quiere corromper la historia”. Luego, la amnesia de la historia de México, sugerida en este momento, resulta preocupación para análisis profundo y, quizá, para una potente vacuna que proteja a México del olvido, aunque las élites pagadas digan lo contrario… o, precisamente, por eso.

LOURDES BUENO / Investigadora de la UdeG.
Correo electrónico: lourdesbueno03@yahoo.com.mx

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