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Martes, 12 de Noviembre 2019
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Aldea global: riesgos ocultos

Por: EL INFORMADOR


La integración de las naciones en el proyecto de la aldea global conlleva un prolijo contrato de múltiples riesgos que no siempre hemos sido capaces de prever, que recuerda relativamente el modelo de los feudos medievales o de las haciendas porfiristas, y hace extrañar el pensamiento y la acción de estadistas, legisladores y ciudadanos inteligentes, preparados, responsables y con un mínimo siquiera de conciencia social, que les capacite para ser sujetos activos en la conducción de estos fenómenos y no meros seguidores acríticos, si no es que cómplices del riesgo.

La clave radica en la cantidad e importancia de rubros en los que un determinado país decide ser dependiente, ilusionado por la entusiasta idea de que ya no hay fronteras, de que todos somos la gran familia humana, y de que nosotros no podemos ni hemos podido, porque no tenemos ni el conocimiento ni la tecnología ni los recursos, ni nada.

Guiados por esta hermosa propuesta se puede dejar al país líder la responsabilidad de producir alimentos, ya que solamente él puede hacerlo en la cantidad, calidad y precio que requiere el mercado actual; los campesinos desplazados de la maquinaria agrícola podrán emplearse de sirvientes, mayordomos, cocineras, meseros, cargadores, empacadores o lo que sea, en tanto las mismas tierras se ponen a disposición de la agroindustria global, propiedad, claro, del país líder.

En esa misma línea se pueden depositar en manos del país líder todos los dineros y finanzas de la nación, confiados en que ellos saben hacerlas rendir de manera agresiva; así, todo el potencial económico, y particularmente la liquidez, queda fuera de nuestras preocupaciones cotidianas; que se encargue la banca mundial de manejar tan delicado asunto, con el añadido de la nada despreciable cantidad de puestos que darán a los connacionales en ventanillas, escritorios, puertas, estacionamientos y aseos de las numerosas sucursales.

Pero puesto que la energía mueve al mundo, habrá que seguir presionando a las mentes primitivas, egoístas y carentes de visión, para que sea también el país líder el que se encargue de la posesión, explotación, distribución y ganancias del potencial energético global, ya que solamente ellos cuentan con las herramientas tecnológicas de última generación para acabar de chupar al planeta.

Incluso, ya con una bien decidida opción por la aldea global, podríamos homologar apellidos e idioma con la marca líder, encerrar las románticas culturas regionales en museos fuertemente custodiados, convertirse a la salvífica religión del país líder, obsesiva y farisaica, y pedirle al dios global que nunca nos vaya a faltar la comida que ya no producimos, el dinero que ya no administramos, la energía que ya no poseemos, el empleo que ya no depende de nosotros, o la amnesia que nos hace olvidar la dignidad perdida.

Enfrentar esta realidad con propuestas alternativas que mejoren nuestra inserción en la globalización es hoy por hoy asunto de la sociedad civil, ya que la clase gobernante, en los tres “poderes”, no tiene ni a Jalisco ni a México en la agenda de sus preocupaciones o intereses.

ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO / Licenciado en Historia.

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