Jueves, 06 de Noviembre 2025

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Por: EL INFORMADOR


DEDICATORIAS: Añeja costumbre es que quienes escriben un libro se lo dediquen a alguien. Ya lo hacían hace siglos, nuestros clásicos, verbigracia: Cervantes, al Duque de Béjar; Quevedo, al Conde Duque de Olivares; obviamente con intenciones de lambisconería palaciega, muy “ad usum” en aquellos tiempos; y aunque hoy no falten quienes imiten tales lisonjas, la mayoría suele imprimir en esas primeras páginas, líneas sentimentales o de gratitud a sus seres queridos, maestros, colegas, amigos o bienhechores, dedicatorias que a veces incluyen nombres y grados de parentesco, y a veces, simplemente escuetas y misteriosas iniciales. Otras dedicatorias son las que suelen estampar de su puño y letra los autores cuando obsequian o les llevan algún ejemplar para que lo autografíen, las cuales varían desde las afectivamente melosas, ingeniosas o conceptuosas, cuando se trata de alguien cercano; hasta las más sobrias y burocráticas que se entregan a cualquier desconocido, a guisa de trámite.

LIBROS VALIOSOS: Es seguro que cualquier pío lector, entre los que me incluyo, y que contamos con una pequeña o considerable biblioteca, conservamos en los estantes varios o muchos volúmenes dedicados; algunos de ellos apreciables, dado el renombre del autor; otros, con una estimación muy particular por los lazos afectivos y de confianza con el escritor, e inclusive, algunos que posean valores históricos o tintes nostálgicos por haber sido autografiados por autores ya finados.

TODO SE ACABA: Mas este singular cariño que experimentamos por los libros autografiados y que se incrementa, como digo, cuando quien nos lo dedicó se ha ido; también, tarde que temprano, acabará desvaneciéndose cuando nos toque la hora de ser despojados de todo lo que aquí llamamos “nuestro”, y que al igual que nosotros deje de tener vida. Entre estas pertenencias estará nuestra biblioteca y sus libros autografiados, que se convertirán en algo inerte, ajeno e inservible; en papel de desecho y de oferta por kilo, o en el mejor de los casos, en material de segunda mano para librerías de viejo, que fue donde yo, por cierto, muchas veces vine a hallar libros cariñosamente dedicados a tal o cual receptor, seguramente tan muerto y ajeno como las líneas y conceptos que en lejana fecha alguien le dedicara, y que al leerlos, sintiéndome un intruso, vi que ya no tenían ningún significado.

JOSÉ LUIS MEZA INDA / Escritor.
Correo electrónico: meza_inda@hotmail.com

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