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Martes, 25 de Septiembre 2018

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Afilando la FIL

Por: EL INFORMADOR


La Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara es la ocasión más prominente que pone los reflectores mundiales sobre nuestra ciudad metropolitana. Esta semana celebramos, en su vigésima segunda edición, el evento anual que es nuestra mayor insignia cultural. La FIL ha rebasado por mucho al fugaz Festival Cultural de Mayo y a la tradicional “Fiestas de Octubre” (que se ha pervertido en la mayor cantina de comidas chatarras y etcéteras). Solamente se le arrima a la sombra su emparentada muestra anual de cine. Es la envidia del Zapopum.

Los libros y su lectura complementan nuestra propia existencia y nos permiten enriquecer mejor nuestra vida interior. La manera más simple de entender a los libros es quizás a través de las memorables “citas célebres” formuladas por los autores mismos. A través de los siglos, desde que dieron nacimiento a la historia en las tablillas de arcilla encontradas entre los vestigios de la cuna de la civilización, los escritores han recapacitado sobre su propio producto reflejado en este muestrario de sus palabras que aquí repetimos:

Escribir es un ocio laborioso.

La literatura nace del paso entre lo que el humano es y lo que quisiera ser.

El regalo de un libro, además de obsequio, es un delicado elogio.

Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro.

La lectura es a la mente lo que el ejercicio al cuerpo.

Un buen libro es aquél que se abre con expectación y se cierra con provecho.

Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora.

En las bibliotecas hablan almas inmortales de los muertos.

Los libros son como los amigos, no siempre es el mejor el que más nos gusta.

No hay libro, por malo que sea, que no tenga algo aprovechable.

El que lee mucho y anda mucho; ve mucho y sabe mucho.

Tienen alma los libros.

Si tienes una biblioteca con jardín, lo tienes todo.

El leer sin pensar nos hace una mente desordenada; el pensar sin leer nos hace desquilibrados.

No hay dos personas que lean el mismo libro.

Todos los buenos libros tienen en común que son más verdaderos que si hubieran sucedido realmente.

La obra clásica es un libro que todo el mundo admira, pero que pocos leen.

La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil; la escritura lo hace preciso.

Los libros enseñan a vivir y a morir.

Los libros llevaron a algunos a la sabiduría y a otros a la locura.

Encuentro la televisión muy educativa; cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.

En la lectura deben cuidarse dos cosas: escoger bien los libros y leerlos bien.

Todos los libros pueden dividirse en dos clases: libros del momento y libros de todo momento.

Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo.

Un lector apasionado debe tener una biblioteca limitada, y releer cada año los mismos libros.

Sólo es libro bueno el que nos sugiere muchas ideas o que vacía el fondo de nuestra alma.

La lectura es una conversación con los hombres más ilustres de los siglos pasados.

Los libros hacen libre al que los quiere.

¿De cuándo acá ha de ser el autor de un libro el que mejor lo entienda?

Un libro es como llevar un jardín en el bolsillo.

NORBERTO ÁLVAREZ ROMO / Presidente de Ecometrópolis, A.C.
Correo electrónico: nar@megared.net.mx

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