Jueves, 09 de Octubre 2025

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A río revuelto

Por: EL INFORMADOR


El destino se decide a menudo por la relación entre guerras y deudas. En 1971, Washington rompió el acuerdo concertado entre los triunfadores de la Segunda Guerra Mundial cuando abandonó el patrón oro, declarando que cada dólar estaría respaldado sólo por la “promesa del pago futuro” de otro dólar y los intereses que éste generase. Es decir, el garante del dólar se volvió la deuda del mismo.

A partir de esta decisión unilateral, la globalización del monopolio de la imprenta $US permitió a Estados Unidos chupar los ahorros del resto del mundo, consumir más de lo que producía y exportar su inflación. Introduciendo artilugios financieros cada vez más sofisticados, sus consumidores fueron alentados a endeudarse con términos cada vez más generosos, respaldados en otros respaldos, a su vez respaldados por otros respaldos derivados de éstos mismos hasta formar un sistema mundial hincado en el enredoso incesto financiero. Las autoridades favorecieron y alentaron el proceso al intervenir cada vez que el sistema financiero global estaba en riesgo.

En México lo vivimos en un círculo completo de 32 años: el precio del dólar pasó de 12.50 a 12 mil 500 pesos. El valor diferencial se lo comió el sistema mientras el régimen mágicamente borró tres ceros a los billetes.

La sacudida actual es más que una crisis financiera. Estamos ante un giro de dimensiones históricas que está alterando el equilibrio de poder en el mundo de manera irreversible. Es un giro geopolítico tan importante como lo fue la caída de la Unión Soviética. El liderazgo mundial del dólar ha terminado derrumbándose y consigo todo un modelo de Gobierno y economía.

Estados Unidos siempre había tenido una política económica para sí y otra para el resto del mundo. Con la nacionalización de partes fundamentales del sistema financiero, el credo gringo del libre mercado se ha destruido a sí mismo, mientras que los países que mantienen algún tipo de control de sus mercados se han visto reivindicados.

La indignación por la codicia de los banqueros puede distraernos de las verdaderas causas de la crisis. La grave situación de los mercados financieros estadounidenses se debe a que los bancos han trabajado en condiciones de libertad absoluta, creadas por su misma clase política.

No estamos ante el fin del capitalismo, sino ante la muerte de un tipo de capitalismo. Una variedad que ha existido durante los últimos años. Lo irónico del periodo posterior a la guerra fría es que la caída del bloque comunista fue seguida del ascenso de otra ideología utópica: el fundamentalismo de mercado. Este experimento también ha fracasado.

El derrumbe actual fue previsible y anunciado desde hace más de un año. Pero los procesos de crisis como el que estamos presenciando no se desarrollan a cámara lenta. Son rápidos y caóticos. Sus efectos se extienden a toda velocidad. A río revuelto, ganancia de pescadores.

Ante las condiciones que engendraron la mayor burbuja de la historia, nuestros dirigentes políticos parecen incapaces de comprender la magnitud de los peligros que afronta el país. Durante este año no pudieron ser nada más que espectadores impotentes, peleándose unos con otros. Parecen no darse cuenta de que su importancia está desvaneciéndose a toda velocidad; que está naciendo un nuevo mundo bajo sus narices sin que casi lo note, y que solamente abandonando la soberbia, reconociendo que están rebasados, podrán empezar a entenderlo.

NORBERTO ÁLVAREZ ROMO / Presidente de Ecometrópolis, A.C.
Correo electrónico: nar@megared.net.mx

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