Lunes, 13 de Octubre 2025

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A rendir cuentas

Por: EL INFORMADOR

Con la terminación de los Juegos Olímpicos Beijing 2008 termina también un ciclo más dentro del deporte mexicano, con resultados pobres: apenas una medalla de oro y una de bronce y la esperanza de que esta mañana, muy temprano, pudieran conseguirse dos más en clavados y tae kwon do y cuando menos una en las pruebas finales de atletismo, con lo que se llegaría, en el mejor de los casos, a los pronósticos de la Comisión Nacional del Deporte (Conade). La actuación de la delegación azteca ha sido decepcionante, si bien se quieren dar como triunfos los de algunos deportistas que sin ganar medallas han ocupado lugares destacados en la clasificación final de sus respectivas pruebas.

Lo cierto es que la historia registra como triunfadores únicamente a quienes logran colgarse en el pecho una medalla, constancia de haber sido los mejores. El resto queda sólo para la estadística, y en este aspecto los deportistas mexicanos, esta vez, no tendrán mucho de qué presumir. Las excepciones serán los medallistas, y ellos sí, con méritos más que suficientes y gracias al esfuerzo propio, aunque ahora surjan muchos que quieran adjudicarse el triunfo para sí mismos.

Lo mostrado por México en esta Olimpíada es la repetición de ediciones anteriores: poco, muy poco para sentirse orgullosos como país, y mucho, pero mucho lo que se debe reflexionar para encontrar qué es lo que se ha hecho mal, o qué no se ha hecho para alcanzar alturas que otras naciones con aparente menos potencial han logrado. Es la hora de pedir cuentas a las autoridades responsables del deporte, a presidentes de federación, a directivos, a entrenadores y a deportistas... cuentas que sin duda reflejarán un déficit, y a partir de ellas actuar en consecuencia.

Empieza un nuevo ciclo que habrá de cerrarse con los próximos Juegos Olímpicos a celebrarse en Londres en 2012; cuatro años por delante para corregir lo que sea necesario, partiendo de la falta de una política de Estado en materia deportiva, de la necesidad urgente de acabar con compadrazgos y amiguismos, del manejo transparente de recursos y poner un freno a quienes mantienen secuestrado al deporte mexicano para beneficio propio.

Se requiere una reestructuración total del deporte nacional que ponga orden, y este proceso debe arrancar ahora mismo, cuando todavía esté fresco el mal sabor de una actuación que dejó mucho a desear. El Gobierno federal y los entes responsables como la Comisión Nacional del Deporte, la Confederación Deportiva Mexicana y el Comité Olímpico Mexicano tienen una tarea por cumplir.
En el país hay potencial humano, como lo han demostrado los atletas que han destacado aún sin la preparación y los apoyos necesarios, sino por cuenta propia. Es tiempo de que esto sufra un cambio radical, y éste es el momento. Esperemos que en los Juegos Panamericanos a celebrarse en Guadalajara se empiecen a ver resultados.

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