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Jueves, 14 de Diciembre 2017

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“...y coincidir”

ENTRE VERAS Y BROMAS               

Fue, la del martes 4, una jornada de contrastes en el aspecto informativo. Por una parte, todo sugería que era cuestión de paciencia la consumación de una de las noticias  más esperadas del año: el desenlace de la elección presidencial en Estados Unidos, con la perspectiva de que se llegara al clímax anticipado como el mejor de los escenarios posibles: la victoria del candidato demócrata Barack Obama. Por la otra, cuando se contaban las pocas horas que faltaban para que esa información se consumara, la bomba —noticiosamente hablando— inesperada: el avionazo, en una zona relativamente céntrica de la Ciudad de México, en que perdieron la vida el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, e inicialmente ocho personas más. En el trance de jerarquizar la información, la tragedia a nivel nacional eclipsó a la nota del año a nivel mundial.

—II—

En el caso de la muerte de Mouriño, por tratarse de uno de los hombres más cercanos al Presidente Felipe Calderón, y porque en el mismo avión viajaba José Luis Santiago Vasconcelos —una de las piezas clave en la “guerra contra la delincuencia organizada” declarada por el Gobierno federal—, resulta imperativo que se despejen las incógnitas; que haya respuestas convincentes para los suspicaces: suficientes para acallar las especulaciones, que resultan inevitables por dos circunstancias: de entrada, por la tendencia del mexicano a novelar, a preferir la ficción a la realidad..., y, a continuación, porque la experiencia de tantos episodios en que se prometen investigaciones a fondo, “caiga quien caiga” y “hasta las últimas consecuencias”, nos ha enseñado a ser incrédulos con respecto a las burdas patrañas que luego se nos proponen como “verdades oficiales”.

—III—

Con respecto a la otra información, subrayan los analistas que a Estados Unidos le costó más hacer llegar a un negro a la Casa Blanca, que a un hombre a la Luna. Ahora el gran reto de Obama consistirá en estar a la altura de las expectativas que despertaron, sucesivamente, su designación como candidato, su campaña, sus discursos, y, al cabo, su victoria del martes.

Desde la óptica mexicana, qué lamentable que los Obama —entendidos como opciones para los electores desencantados de los malos gobernantes— no se den en maceta.

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