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Miércoles, 20 de Noviembre 2019
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“...’Ai se va”

Por: EL INFORMADOR

ENTRE VERAS Y BROMAS               

Si un particular pretendiera construir —digamos—, ahora mismo, un teatro como el Diana, un centro de espectáculos como el Auditorio Telmex, el domo del CODE, la Arena Coliseo, la Plaza de Toros Nuevo Progreso, o estadios  como el Jalisco y el de la Autónoma, tendría gravísimos problemas para satisfacer, entre varios más, dos requisitos que, de conformidad con los reglamentos de construcción vigentes, le exigirían las autoridades. Uno, el estudio de impacto vial que la obra, ya en operación, generaría; es decir, qué vías utilizarían los potenciales espectadores para llegar a esos inmuebles y para desalojarlos al final de las funciones. Otro, la dotación de los cajones de estacionamiento suficientes para quienes decidan llegar en su propio vehículo...

—II—

Por supuesto, aquí también se cumple aquello de que “Del dicho al hecho, hay mucho trecho”. En el caso de los estadios de futbol, la plaza de toros o el Teatro Diana (antiguo cine), construidos —supondremos— de conformidad con los reglamentos vigentes “in illo témpore”, la imprevisión ya es irreversible: los problemas de vialidades expeditas y estacionamientos suficientes, sólo se resolverán cuando se haga realidad, primero, y se generalice, después, la solución que aportaban, visionarios, los antiguos escritores de relatos fantásticos, cuando discurrieron la genialidad de hacer desplazarse a las brujas... en sus respectivas escobas.

—III—

Sin embargo, ante la imposibilidad física de cumplir la ley al pie de la letra, detalles como los señalados no van a detener el progreso. Para todo hay mañas... Y así como en Guadalajara y sus cada vez más remotas orillas hay centros de espectáculos que demandan a los asistentes dos horas de recorrido a la ida y otras tantas a la vuelta, y que en el boleto del “show” incluyen la sesión de deporte extremo consistente en caminar varios kilómetros desde y hasta el lugar en que buenamente se consigue estacionar el automóvil —a cargo de un servicial “viene-viene”, de preferencia—, si es la autoridad la encargada de construir esos escenarios (los estadios que se requerirán para los rumbosos Panamericanos del 2011, por ejemplo), esos detalles —“pecatta minuta”—, que con un criterio puntilloso podrían arruinar la fiesta, se pasan por alto... y asunto arreglado. Total...

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