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Miércoles, 20 de Marzo 2019

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- Hospitalidad

Por: EL INFORMADOR

 POR JAIME GARCÍA ELÍAS

¿Qué les pasa a los poderosos, que casi todos se tornan amnésicos...? Infatuados, posesionados del papel que representan, parecen incapaces de comprender que el rol es pasajero: que mañana o pasado tendrán que bajarse del trono o de la silla presidencial, despojarse de las insignias del poder y regresar a su condición original de mortales comunes.

-II-

Ayer, por ejemplo, mientras el señor Felipe Calderón --que hasta hace unos meses era un ciudadano de tantos, en busca de los votos que lo llevaran al cargo desde el que prometía, como todos, trabajar denodadamente por la felicidad de sus gobernados-- realizaba, encaramado en la versión mexicana de la alfombra mágica de Aladino, una "gira de trabajo", decenas de miles de tapatíos tenían sobradas razones para lamentar que Guadalajara hubiera sido incluida en el programa de sus actividades... y para externarlo en muy diversos tonos.

Para aprovechar que coincidían la celebración del Día del Niño con la inauguración formal del Parque de San Jacinto, se resolvió que el señor Presidente honrara a los vecinos con su presencia. Para el efecto, el Estado Mayor Presidencial, a la soberana ley de sus omnipotentes pistolas, resolvió secuestrar el parque, prohibir que los niños y la población en general lo disfrutaran, impedir el ingreso y la salida de usuarios del tren ligero, obligar a los potenciales pasajeros a caminar media docena de cuadras para llegar a las estaciones más próximas, provocar atascos viales mayores a los habituales, condenar a centenares de niños y probablemente a miles de trabajadores a llegar tarde a sus compromisos...

Lo primero --la visita del Presidente a la zona-- se agradece. Lo segundo --los perjuicios que causó-- se lamenta (de lamentar, no de mentársela a nadie, como ahora se usa por aquí). Y se lamenta, sobre todo, porque las restricciones señaladas comenzaron desde el amanecer... para una visita que vino a consumarse ya al anochecer.

-III-

Aunque al Presidente, con absoluta seguridad, no le llegará el recado, la conclusión, especialmente porque los ciudadanos de ordinario pasan a ser más damnificados que beneficiarios de las "giras presidenciales", sería un atento mensaje, en nombre de la tradicional hospitalidad tapatía: "Señor Presidente, esta es su casa; pero mientras menos la visite... mejor".

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