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Viernes, 15 de Diciembre 2017
México | Por: NAUHCATZIN T. BRAVO AGUILAR

Una cita con la historia

Por: NAUHCATZIN T. BRAVO AGUILAR

La historia norteamericana en materia de derechos humanos está repleta de claroscuros. Uno de los ejemplos más palpables lo representa la situación de los afroamericanos y su larga pugna para que sus derechos fundamentales fueran reconocidos. La migración europea hacia el Norte de América, que configuró las 13 colonias inglesas, se conformó, en gran medida, por personas que huían de diversas formas de intolerancia en el Viejo Continente y de regímenes despóticos.

Ello, aunado a la corriente intelectual que permeó en Europa durante los siglos XVII y XVIII (especialmente en Francia e Inglaterra), facilitó que la clase política e intelectual de las colonias inglesas en Norteamérica tuvieran una mayor inclinación hacia la idea de gobiernos acotados, tanto por su organización propia, como por los derechos subjetivos de sus gobernados.

La Declaración de Independencia de las colonias inglesas (1776) en este Continente refleja parte de su ideario y la influencia que el mismo tuvo por parte de Locke, Puffendorf, y Montesquieu, entre muchos otros pensadores de la época. Dicho documento llama a la libertad, la igualdad y el derecho a buscar la felicidad. Sin embargo, un hecho que ensombreció tan elevadas aspiraciones fue que un número importante de los firmantes de la Declaración era esclavista.

Los esclavos, de origen africano en su vasta mayoría, no fueron parte del ideario de libertad, así como las mujeres, quienes no gozaron un estatus de igualdad —formalmente, cuando menos— frente al género opuesto hasta el siglo pasado. Aún cuando se promulgó la Constitución que dio vida a los Estados Unidos de América en 1789 y la misma incluía un catálogo de derechos, la situación de los afroamericanos no cambió.

La Guerra Civil (1861-1865) norteamericana tuvo como uno de los aspectos centrales la abolición de la esclavitud, y como a uno de los actores a la Corte Suprema. En el caso Dred Scott, el máximo tribunal norteamericano determinó que el Congreso de la Unión carecía de facultades para abolir la esclavitud, lo que dejaba en esta condición perpetuamente a los afroamericanos. Esta situación, entre otros factores, polarizó irremediablemente las posturas entre Norte y Sur (quienes estaban a favor de la esclavitud y tenían una influencia importante en la Corte Suprema, especialmente en el presidente de la misma, el ministro Taney).

Ni la Constitución federal y su Catálogo de Derechos; ni la Guerra Civil y la inclusión de nuevas Enmiendas a la Constitución, cambiaron en los hechos la desigualdad de los afroamericanos. La igualdad, al menos formal, la disfrutaron hasta ya muy entrada la segunda mitad del siglo XX, y en ello tuvo que ver también la Corte Suprema bajo la presidencia de Warren, así como la movilización civil bajo el liderazgo de personas como Martin Luther King.

El triunfo de Barack Obama en las pasadas elecciones presidenciales en Estados Unidos, constituye una cita histórica que empezó a gestarse desde el momento mismo que los afros, contra su voluntad, arribaron a este Continente. Es un signo positivo inequívoco para el pueblo norteamericano en materia de derechos humanos y la cúspide de una lucha por la libertad y la igualdad más allá del discurso. En materia de derechos humanos y como lo manifestó el presidente francés Nicolas Sarkozy en su escrito de felicitación a Barack Obama, “en un tiempo en el que tenemos que afrontar enormes retos…, su elección aumenta las esperanzas en Francia, en Europa y en el resto del mundo”.

NAUHCATZIN T. BRAVO AGUILAR / Doctor en Derecho y profesor investigador de la Universidad de Guadalajara.

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