Jueves, 23 de Enero 2020
Jalisco | Vecinos demandan mayor presencia de la Policía y alumbrado público

Tiempos de inseguridad y carencia en Balcones del Sol

Colonia marginada en el Municipio de Zapopan

Por: EL INFORMADOR

ZAPOPAN, JALISCO.- Si el poniente marginal del municipio de Zapopan fuera un sistema planetario, la colonia Balcones del Sol sería una pequeña luna que órbita al gran mundo que es Miramar, junto a otros astros que la acompañan también de menor medida como La Floresta y la 12 de Diciembre.

Los habitantes de Balcones del Sol viven en el fin de la ciudad y en el comienzo del área natural protegida del Bosque La Primavera, donde surge el Cerro del Colli, el elegido por los niños para escalarlo y dejar en el abismo a uno de los más terribles síntomas que vienen con esta epidemia de la influenza humana: el aburrimiento.

En esa colonia no impera la carencia de servicios como el agua potable, drenaje o la luz eléctrica. Desde la llegada de los primeros “colonizadores” hace aproximadamente 20 años, gradualmente han sido introducidos, pero no sucede lo mismo con la seguridad pública, el común denominador en todas las conversaciones que obtuvo este diario.

María del Carmen –mejor sin apellidos, consideró– es una de las principales afectadas de la calle Limón, pues su cruce con la calle Toronja se ha convertido en el punto de reunión de pandillas. “Aquí se sientan todos los vagos”, dice, señalando el machuelo fuera de su casa, “y yo los corro, le hablo a la patrulla. Todo el olor se va pa’ dentro”.
En ese cruce de calles se forma un espacio baldío, con dos fincas o cuartos abandonados, uno a cada lado de la calle Toronja, que resultan ideales para ser utilizados diariamente como centros de reunión por las pandillas. Al interior de uno de ellos, en uno de los muros está pintada una Virgen de Guadalupe –una figura recurrente en la colonia–,  que da la bienvenida a los que ingresan y atestigua todo silente, mientras espera a ser terminada, pues su rostro sin color es nada más un boceto dibujado a lápiz con una lágrima naciente.

María de Jesús Ríos vende jugos ahí muy cerca y habla sobre promesas y deseos: “Habían quedado (las autoridades) de hacer un centro de salud, o hasta un kiosquito para toda la colonia, pero no ha pasado nada. Nomás dicen que sí, que van a venir a ver, y han venido a tomar fotos pero nada más hasta ahí queda”. Ahora que lo dice sin duda el lugar podría ser aprovechado como un espacio público. El problema, aúna, es que además de atraer a grupos de jóvenes por las noches, es utilizado como basurero, con los perjuicios que implica para los vecinos.

Vecinos concuerdan en que desde hace una o dos semanas, los conflictos entre pandillas han disminuido en las calles de la colonia. Es común que las personas de Balcones del Sol hayan visto guerras con piedras, navajas y hasta atropellados donde nada tuvo que ver el azar o la mala suerte.

Se le pregunta a uno de ellos si considera que la aparente calma se deba a que los integrantes de las pandillas, al tanto de los comunicados de las autoridades sanitarias, adoptan las recomendaciones oficiales para combatir la influenza quedándose en casa y, por supuesto, cubriendo sus estornudos con el ángulo interior del codo y no más con sus manos.

“No crea, les vale madre. Ya cuando se juntan ni aunque les echemos a la patrulla. A los mariguanillos les entra por una oreja y les sale por la otra”, dice María Magdalena Altamirano, quien pasaba por ahí, en la terregosa calle Toronja, aunque vive en la frontera entre Balcones del Sol y la 12 de Diciembre.

¿Tendría que ser entonces más convincente Keiji Fukuda, subdirector de Seguridad Sanitaria y Ambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando refiere que una tercera parte de la población mundial (unos dos mil millones de personas) podrían padecer la influenza humana?

La violencia que acostumbra sus calles, la incertidumbre que se contagia más rápido que el virus A H1N1, la presencia imprevisible de un grupo de individuos que se reúne frente a un hogar, el que debería ser el sitio más seguro para cualquiera, quizá sea una influenza que preocupa más en Balcones del Sol, como lo considera Guadalupe Magallanes Martínez.

“Ya no sale uno con confianza porque lo pueden agarrar a uno y luego se los llevan (la Policía, a los pandilleros), pero luego luego los sueltan”. Comenta que no es común ver en su colonia a personas con tapaboca, aunque sí hay quien se alarma por la contingencia, como su propia hija.

“Mi hija, como es enfermera, hasta llegó asustada, llorando. –¡Mamá, cómo puede ser posible que la gente no entienda, ahí deberías ver la desesperación y ustedes como si nada!–, como trabaja en un hospital. Ya le pregunté: ¿Bueno, pues qué tienes?, como siempre anda con su novio, me dijo –Ésta, que nomás se subió a estar chille y chille–, estaba preocupada por lo que vio y salió y afuera como si nada”.

Los fundadores

Zacatecas, San Luis Potosí o Cuquío, los creadores de la colonia vinieron de muchos lugares. Algunos como Salvador y Alberto Ibáñez, hombres de avanzada edad, recuerdan bien su llegada, “cuando no había nada, ni Miramar, ni Arenales (Tapatíos), todo era llano, era puro sembradío; por la de Guadalupe se sembraba”, dice el primero.

“Yo fui de los primeros que fincaron”, dice Alberto, hace 22 años. La colonia lucha por dejar su pasado irregular, algunas calles fueron pavimentadas apenas en el mes de diciembre de 2008, a través del Programa de Esfuerzos Compartidos (PEC), en el que es indispensable la participación y organización de los vecinos a través de comités.
A Salvador le hace falta una pierna, y pasa el tiempo con Alberto descansando en un escalón frente a la calle, donde conversan a la sombra, aunque ninguno hace a un lado su sombrero. ¿Entonces son hermanos? “Pos dicen”, responde Alberto.

Otros se abandonaron al olvido, porque los años a veces terminan por dejar a uno sin alguien a quien recordar: “No sé decirle (cuánto tengo aquí), porque mi viejo iba contando los años, cinco años…, pero ahorita ya se me olvidó, no sé la fecha, cuánto llevo”, dijo María Apolonia del Ángel… y en su mirada hay cansancio. Es una señora mayor.

Su edad, su historia en Balcones del Sol desde que llegó de San Luis, su paso por el rancho del ingeniero, la definición de un minuto, para qué sirve una hora, se le fueron con él. ¿Hace mucho que murió su esposo? “Pasa de los cinco años o de mucho atrás”. Lo enterró con el tiempo y los días. ¿Su esposo era quien contaba los años? “Yo iba contándole los años a ver cuántos años iba cumpliendo, pero se me fue olvidando, olvidando, y yo dije: para qué estoy contando… pues se me olvidó de plano”.
María Apolonia del Ángel retoma su camino, dijo que iba con los hermanos, unos religiosos, –aunque no le gusta decirles así, prefiere “señores”–, para recoger algún apoyo porque se sabe pobre. “Es de cada quien, decía mi papá, es de cada quien la devoción…”.

La unidad para los balcones


El 3 de abril, las autoridades del Ayuntamiento de Zapopan y la Delegación de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) en Jalisco, inauguraron la recuperación de la unidad deportiva en Balcones del Sol, con una inversión de dos millones 351 mil pesos.

El lugar cuenta con una cancha que puede usarse para jugar fútbol rápido y basquetbol, área de juegos infantiles y frontón, espacios verdes y andadores. La altura de sus árboles, su sombra y el telón de fondo que regala el cerro le brinda una gran belleza. Al respecto, los vecinos hacen dos señalamientos:

Primero, que desde aquel día no ha habido ningún tipo de mantenimiento por parte de las autoridades municipales en lo rehabilitado, lo que comienza a traer efectos principalmente al pasto, ya que el riego quedó como responsabilidad para los vecinos, y aunque los que habitan en la calle Mezquite lo han adoptado como un sitio para cuidarlo, los del lado de Pirul comienzan a tener áreas no verdes, sino más bien amarillentas.

Segundo: observadoras como Diana Celia Castro, señalan que las nuevas luminarias instaladas en la unidad, incluyendo los reflectores de las canchas, no sirven, nunca lo hicieron, por lo que en las noches la iluminación es pobre, pues depende de la infraestructura antes instalada.

De ahí en más, tanto Diana como el señor Andrés García Acosta concuerdan en que el aprovechamiento que tiene el espacio es muy alto, pues tiene una gran cantidad de demanda por parte de los niños de la colonia.
Durante la visita de este diario, trabajadores ampliaban el muro de contención que separa a la unidad del Cerro del Colli, una medida de prevención ante el temporal de lluvias, aunque los vecinos aseguran que no tienen problemas con el arrastre de tierra o rocas a sus calles.

Temas

Lee También