Jueves, 23 de Enero 2020
Jalisco | La minería es un tema que preocupa “mucho” a la Secretaría de Medio Ambiente

Minas, amenaza para Manantlán

La Reserva de la Biosfera está prácticamente advertida de que pronto será presionada por la explotación de sus yacimientos de hierro

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- Los extremos daños ambientales que dejaron como herencia las minas de hierro a cielo abierto en las tierras de Ayotitlán, ejido jalisciense en Cuautitlán de García Barragán, pueden extenderse en breve a la Reserva de la Biosfera, en la Sierra de Manantlán, advierten especialistas, que se aprestan a defender las riquezas ecológicas del área natural protegida.

La minería es un tema que preocupa “mucho” a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, asegura el director de Impacto y Riesgo Ambiental, Eduardo Enrique González Hernández.

“Notamos que hay un auge (minero). Los capitales canadienses están regresando, porque resulta que los metales tomaron buen precio en los últimos años, si no, no lo harían, y de repente resulta que no sólo los metales preciosos, también los de uso industrial. Y resulta que minas abandonadas hace 15 años, las compran, invierten y si ahí tenían Manifestación de Impacto Ambiental, van con nosotros y lo actualizan”.  

Detalla que en los últimos años han aumentado alrededor de 20% las solicitudes de autorización para licencias de exploración y explotación.

Igual que pasó en Ayotitlán y zonas colindantes con Colima (Sección Local, 14 de octubre), los daños irreversibles a flora, fauna y recursos hídricos preocupa “porque las minas causan modificaciones substanciales al medio ambiente y son consumidoras de agua. Antes no les importaba si las minas tenían protegidas sus presas de jales. Y es que, para que puedan obtener una tonelada de metal, requieren cientos o miles de litros de agua”.
Pese a todo, la Ley Minera protege a la industria y hay obligación de aprobar la explotación, si se cumplen los requerimientos técnicos.

Las minas, un cáncer en la Reserva de la Biosfera

La mayor amenaza para la Reserva de la Biosferade Manantlán es la extracción de hierro,ya que los grandes consorcios tienen comoobjetivo próximo la explotación de esta zona

Para los indígenas de Ayotitlán (Cuatitlán de García Barragán, Jalisco), las minas son como el cáncer. Se expanden por doquier, tragándose los ecosistemas y hasta las poblaciones.

Encima del dolor de los nahuas, que ven sus tierras ancestrales hechas polvo por la extracción de hierro durante los últimos 40 años por el Consorcio Minero Benito Juárez Peña Colorada, de acuerdo con el último estudio realizado por el Centro Universitario del Sur (Cucsur) de la Universidad de Guadalajara, la zona está “bastante degradada”.

El diagnóstico se realizó principalmente en las más de 400 hectáreas que la empresa renta al ejido de Ayotitlán para depositar el “material rocoso estéril” originado por la extracción ferrosa. El consorcio les paga apenas 340 pesos por hectárea, cada año.

La conclusión del estudio, y también la que tienen los mil 900 indígenas afectados, es que el arroyo El Mamey está enterrado. Muerto, porque “fue cubierto con material de desecho, el remanente de la explotación y la grava la vaciaron en el área que comprende la superficie del ejido; taparon el manantial de donde emergía el agua”, comenta Luis Martínez Rivera, jefe de Ecología y Recursos Naturales del Cucsur.

Asimismo, el patrón hidrológico de la región cambió. Porque algunos cerros ya no son cerros. Porque lo que era bosque ahora es materia inerte. Y porque esto significa que el agua ya no escurre por donde lo hizo milenariamente. “Lo que corría para abajo ahora se va para otros lados y afecta la Cuenca Marabasco, que es el afluente más grande del Río Ayotitlán”, dice el académico.

Y como la materia no se crea ni se destruye (habría dicho Lavoisier), aún persiste la duda de dónde están todos los químicos (como el cianuro) que se utilizan en el proceso minero. ¿En los mantos acuíferos? ¿En las tierras degradadas? ¿En el piso de tierra de los habitantes de Ayotitlán? ¿En el Río Marabasco? ¿En la Laguna de Barra de Navidad, donde desemboca este último afluente?

A propósito, el Tribunal Latinoamericano del Agua recomendó al Estado mexicano, en septiembre de 2008, que aplique los mecanismos legales en contra de las actividades mineras que contaminan la Cuenca del Río Marabasco (Peña Colorada utiliza las aguas para transportar el hierro, a través de ferroductos, desde la mina a Manzanillo); que sean escuchadas las comunidades nahuas; que se actualicen los impactos ambientales en la zona y que haya resarcimiento a los indígenas por los daños ocasionados a raíz de la extracción de hierro.

Hasta hoy, Peña Colorada sigue siendo tierra de nadie, igual que la comunidad indígena de Las Pesadas, por el conflicto limítrofe que existe entre Jalisco y Colima.

De acuerdo con el Ordenamiento Ecológico de Jalisco, la mina está en una zona de protección de flora y fauna (Unidad de Gestión Ambiental 016, Conservación) que no autoriza esta actividad, y mucho menos si se trata de explotación minera a cielo abierto. En contraste, el Gobierno de Colima argumenta que el territorio le pertenece, y por lo tanto sí permite abrir estas tierras y extirparles el hierro. “Colima permite todo y Jalisco no dice nada. Esto genera que no se tenga control de lo que hacen y terminan perdiendo las comunidades”.

En concreto, para el académico, los daños de esta actividad a cielo abierto son irreversibles y, por lo menos en los próximos 50 años, no crecerá ni hierba mala en la región. “Es imposible que se dé la vida en ese período. No hay control de los metales pesados que se usan y que se escurren, no hay estrategias de abandono y es riesgoso porque van hacia el límite de la Reserva de la Biosfera y poco a poco irán presionando el polígono. Es algo que debería angustiar a la Conanp (Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas)”.

Degradación ambiental genera migración

La minería a cielo abierto es la única que no es sustentable por definición, pues destroza toda la cobertura vegetal y con ésta, “gran cantidad de especies”.

El doctor en Ciencias, Hermes Ulises Ramírez Sánchez de la UdeG, señala que para este tipo de extracción es necesario dinamitar y eso altera el entorno de la litósfera (parte sólida de la corteza terrestre) y las rocas, y genera ruido que altera a las poblaciones cercanas. En Las Pesadas, los niños saben bien a qué se refiere: hasta las clases se suspendían por temor a que un misil de hierro les reventara la cabeza. Para los indígenas era como vivir en zona de guerra.

Don Catarino Monroy cuenta que “era de terror la cosa”. Nomás oían que se prendía la sirena y cuando se movía la tierra, ya sabían que era poco más de medio día: la hora de la “voladora”. Y aunque ya no se oyen las detonaciones de Peña Colorada “porque van pa’ dentro del cerro”, al meterse al campo la gente nota polvo entre la milpa. “Seguido tenemos problemas de los pulmones… y quién sabe qué respiramos”.

El académico de la UdeG dice que además, hay procedimientos químicos para la extracción del mineral que requieren ácidos, como el clorhídrico “que desbarata todo”, o el sulfúrico y el nítrico. “Con eso destruyes la estructura original del suelo y desafortunadamente, los químicos fluyen a otras zonas, contaminando acuíferos superficiales y subterráneos; y aguas más abajo hay alteración de suelos que dejan de ser aptos para la agricultura”.

“¿Y qué pasa con los seres humanos? Respiran gases, vapores del óxido nitroso, cloruros, fosfatos y sufren afectaciones por el ruido de las explosiones. Es común que haya enfermedades respiratorias, del sistema nervioso, cardiovasculares o de la piel”.

En cuanto a la forma de entrega de los títulos mineros en este país (el 10% del territorio está concesionado), Ramírez Sánchez cuestiona a la Dirección de Minas de la Secretaría de Economía, pues no tiene un atlas, “ya no hablemos de minerales, sino de todos los recursos naturales. Entonces se autorizan a diestra y siniestra y no debería ser así”.

En teoría, deben presentar medidas de mitigación y remediación, pero la mayoría de las veces las mineras son extranjeras (el 77% son canadienses) y al terminar la explotación se van sin hacer nada.

“Es una forma de generar dinero inmediato. Supuestamente generan empleos pero son mal pagados (en Peña Colorada el pago es de 180 pesos diarios), y la riqueza no se queda, se va del país, sólo se llevan los recursos naturales”.

Lo más preocupante es que la degradación ambiental, a la larga, deja tierras infértiles y esto provoca expulsión de las poblaciones. “Los estados que más han emigrado son los que fueron mineros… Y la forma en que opera Peña Colorada es un espejo de lo que pasa en todo el Tercer Mundo”.

Textos: Alejandra Guillén

Poblaciones afectadas por el Río Marabasco

w En Cihuatlán

Comunidad    No. de habitantes

• Cihuatlán    15 mil 392
• El Bonete    15
• El Pochote    1
• El Rebalse    137
• La Colomera    1
• La Lima    3
• Las Bugambilias    2
• Las Guasimas (Santa Rosa)    1
• Los Tabachines    1
• Peñitas y Truchas    153
• Rancho María Elena    1

Total: 15 mil 707
Fuente: Censo de población y vivienda 2005.

w Ciudad de Manzanillo, Colima

Comunidad         No. de habitantes

• Colonia Gardenias    3
• Crucero Aeropuerto    2
• Crucero Río Marabasco    9
• El Centinela Dos (De Abajo)    67
• El Centinela Uno (De Arriba)    5
• El Charco    210
• El Chavarín    781
• El Coyul    5
• El Huizcolote    276
• El Naranjo    8
• La Palma    6
• La Parota (Los Rincón)    4
• Lanca    4
• Las Parotas    7
• Los Cedros    505
• Los Rebajes    4
• Manuel Ávila Camacho    130
• Rancho de Brambila    6
• Veladero de los Otates    241

Total: Dos mil 27

Poblaciones afectadas por el arroyo el mamey

De acuerdo con el “Informe de impactos al medio ambiente de Peña Colorada a los terrenos del ejido Ayotitlán”, realizado por el Instituto Manantlán de la UdeG en junio de 2009, las poblaciones afectadas por el arroyo El Mamey, que se localizaba en la cuenca del Río Ayotitlán con una extensión de 7.8 kilómetros son:

w En Cuautitlán de García Barragán:

Comunidad    No. de habitantes

• Chacala    mil 032
• Jocotlán    6
• La Astilla    85
• La Estancia (La Iguana)     6
• La Piedra    199
• La Taberna    2
• Las Parotas    22
• Los Robles    2
• Mameyito (Mameicito)    40
• Plan de San Antonio    66
• Sehuaya    439

Total: mil 899
Fuente: Censo de población y vivienda 2005

Los Potros, enterrado por desechos ferrosos

Calado un sombrero Rocha Hats y dos bigotes largos que enmarcan su menudo cuerpo, don Félix Monroy subió de Minatitlán (Colima) a la ranchería de Las Pesadas (Cuautitlán de García de Barragán, Jalisco) especialmente para contar  a este diario cómo el cáncer de Peña Colorada avanzó hasta su ranchería Los Potros, hoy tierra fantasma.

“Fue por ahí del 88. El ‘tiradero’ de Peña Colorada avanzaba hacia las casas de las 15 familias hasta que toparon. Aunque es una zona de indefinición de límites entre Colima y Jalisco, cuerpos policíacos de Colima insistieron de todas las formas para que nos saliéramos.

“Nosotros llegamos antes que la mina y algunos trabajábamos ahí. Y luego nos amenazaron que si no nos salíamos nos llevaban a la cárcel. Nos hicieron lo mismo que a los de El Platanal: nos quemaron las casas, aunque mucha gente todavía no sacaba sus cosas… pero en eso tiempos ¿quién nos oía?”.

“Luché por siete años, hasta que me sacaron. Nos dieron una tierrita junto al basurero de la población (de Peña Colorada)”.

A casi 20 años de vivir a unos metros del vertedero, piensa que algo anda mal. A sus hijos les brota una enfermedad por aquí y por allá y se les descarapelan los dedos. Los perros  de a tiro están roñientos y las gallinas andan con las uñas volteadas.  Piensa que podrían ser los jugos negros de la basura que bajan y se meten hasta su casa. “Sólo nos habían dado media hectárea para cultivar y yo creo que la tierra ya quedó infectada”.

Ese día no solo fue a revivir el recuerdo de sus familiares muertos, sino también a notificar que recién le desaparecieron 40 chivos. Cree que es porque el conflicto limítrofe está activado y volvieron las presiones para que desaloje el predio donde vive.

Empresas, en busca de hierro de Manantlán

La Minería Monclova que extrae hierro de El Pesar, en el mismo cerro donde se ubica Las Pesadas, no exporta la materia prima a China porque, consideran, es como una segunda Conquista y saben que la intención del país oriental es tener un monopolio de los minerales y seguir creciendo como potencia mundial.

Por ello, su producción la criban y la mandan por ferrocarril a Manzanillo y de ahí a Monclova, donde el hierro es transformado en productos de acero.

En un sobrevuelo que hizo personal de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), uno de los funcionarios dijo que el Puerto de Manzanillo parecía “campo minado”, por las cargas que se envían al país asiático.

El ingeniero químico metalúrgico de Minera Monclova, Edgar Barajas, reconoce que el objetivo de la empresa, al igual que Peña Colorada, es la Reserva de la Biosfera de Manantlán, porque “allá está el potencial de hierro” y ambas industrias tienen concesiones. 
 
Minería: principalamenaza de la Reservade la Biosfera

La mayor parte de la Reserva de la Biosfera de la Sierra de Manantlán está concesionada a mineras y aunque aún no se ha aprobado ninguna Manifestación de Impacto Ambiental para la exploración y/o explotación, el director del Área Natural Protegida (ANP), Marcelo Aranda, considera que es una de las principales amenazas para el bosque mesófilo (también llamado “bosque de niebla”, que se encuentra en las sierras madre Oriental y Occidental del país). Y lamenta: “Habrá un momento en el que no se podrá detener la extracción de hierro”.

Debido a que de la Ley Minera se concluye que “no hay nada por encima de la minería”, esta actividad no se puede prohibir, apunta el titular del ANP. “Es cierto que la presión minera va a ser muy fuerte en el futuro y posiblemente va a ser difícil evitarla todo el tiempo; lo más importante es llegar a un primer proyecto que se apruebe con todas las medidas de mitigación y compensación del impacto, de manera que se utilicen los recursos mineros, pero realmente con consideraciones ambientales. No sé hasta cuándo podremos contener la presión de estas empresas”.

Y es que, dice, algunas vetas de hierro pueden ser más grandes que Peña Colorada.

-Conocemos el daño que ha hecho Peña Colorada. Sabemos de los impactos que ha generado, y pensando que aquí es un ANP, ¿qué opina como biólogo sobre el manejo de la minería en esta zona?

-El caso de Peña Colorada se manejó a “la antigua”. Había mucha competitividad del ejido en ese tiempo, a los comisariados les compraban sus voluntades fácil, y sí, es una mina hecha a la antigua. En los tiempos actuales difícilmente se podría dar una situación como ésta y ahora, cualquier autorización de mina a cielo abierto requiere medidas serias de mitigación; hemos modificado las autorizaciones sólo a la extracción, para que no haya tratamiento local, que es lo más impactante.

– Pero no hay forma de reparar el daño de la minería a cielo abierto
– Es cierto.
– Realmente va a afectar al…
– No sabemos qué vamos a hacer. Aquí en Manantlán casi toda la zona con recursos mineros está concesionada, nada más que no están explotando y no sabemos en cuánto tiempo lo hagan. Y estamos pensando en estrategias para contenerlo  o de qué manera podríamos tener claro que tarde o temprano tal vez se autorice una (mina) y tendremos que tener medidas para que el impacto sea mínimo.
– ¿No es mejor que se modifique el reglamento del ANP y se prohíba?
– El problema es que el plan de manejo de la Reserva pasa por la Cofemer (Comisión Federal de Mejoras Regulatorias), la comisión que cuida que los programas no sobrerregulen, no se pasen, y ahí sí que… Finalmente, en una reserva como ésta se contempla el aprovechamiento de los recursos, y los minerales también son recursos.

– ¿Qué tanto está concesionado y qué tanto se puede explotar?
– En las orillas y zonas de amortiguamiento puede que haya zonas donde el impacto sea menor. El mayor riesgo podría ser que al autorizar una concesión, se abriría la puerta a una presión muy fuerte. Es lo que consideramos lo más riesgoso, más que el impacto, si no que eso destapará presión que no podremos contener.

– ¿Es lo que más les importa?
– Sí, porque cualquier otra presión sería de recursos renovables, y en minería no hay pa’ tras.

Sergio Graff: “Sí se pueden detener las minas”

Es cierto. La minería a cielo abierto es la principal amenaza para la Reserva de la Biosfera de Manantlán. Y tampoco es mentira que esta actividad no está prohibida en el Plan de Manejo del Área Natural Protegida.

Sin embargo, sí existen mecanismos para no permitir la entrada de ninguna empresa que pretenda extraer hierro, ya que la actividad es tan incompatible con el ANP, que no se debería autorizar ninguna Manifestación de Impacto Ambiental (MIA).

Esto lo asegura Sergio Graff, quien fue el primer director del ANP y ahora es integrante del Instituto Manantlán de la UdeG. Recuerda también que cuando se hizo el Plan de Manejo, no se pudo prohibir la actividad porque la Cofemer no lo permitió, con el argumento de que ya estaban concesionadas todas las tierras, tanto a particulares como a Peña Colorada y Minera Monclova.

Un representante de la Dirección de Promoción Minera (quien no accedió a identificarse, para hablar exclusivamente a nombre de la institución), plantea que en la zona núcleo del ANP no debe haber extracción, pero que en las zonas de amortiguamiento sí deben permitirse.

Sergio Graff opina lo contrario. Asegura que no está en contra de esta actividad –pues es una fuente importante de ingresos e incluso Peña Colorada ayudó en los años 70 a controlar el precio del hierro en el mercado–, pero en definitiva, la explotación de minerales no puede ingresar a ningún área de la Reserva porque el Ordenamiento Ecológico Territorial de Jalisco no lo permite. “No se justificaría de ninguna forma”.

EL INFORMADOR/ ALEJANDRA GUILLÉN

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