Domingo, 12 de Octubre 2025

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Por: Vicente García Remus

Frente a la plaza Zaragoza, y al costado Norte de Marco, se encuentra la bella catedral de Monterrey. Al salir de Marco (Museo de Arte Contemporáneo), atravesamos la calle Raymundo Jardón y entramos al bonito atrio de la catedral, delimitado por columnas cuadradas dóricas con almena, barbicanas y forjas entre ellas. Diego Montemayor, cuando fundó Monterrey el 20 de septiembre de 1596, “señaló primeramente sitio y solar para la iglesia mayor”, dedicándola a la Limpia Concepción y de la Anunciación de Nuestra Señora. La iglesia fue cobijada por la jurisdicción espiritual del curato de Saltillo. Para 1626, fue erigida parroquia por el deán de Guadalajara, Juan Ortega Santelices, Disputas entre el nuevo curato y el referido, frenaron la construcción del templo, que por 1639 se describió: “Una enramada que como está casi toda descubierta, se ve el altar mayor y el sacerdote desde la plaza. Este aspecto fue mejorado por la capilla que hizo a su costa el capitán Miguel de Montemayor, sepultado allí en 1643”. Al igual que Martín Zavala, otro de los entusiastas fundadores. Limadas las asperezas de los curatos, el H. Ayuntamiento convino en contratar al prestigiado oficial de obras, Juan de Montalvo, quien falleció al caer de una tapia. A 12 años de construcción, se logró cubrir el templo con un tejado a dos aguas y se empezó a desplantar el campanario. En los inicios del siglo XVIII, la parroquia sufrió un incendio, su renovación comenzó en 1709, mientras tanto las misas se oficiaban en la capilla de los jesuitas, “San Francisco Javier”. Para la década de 1730, contó con un retablo burdo y sin dorar, a la siguiente década ostentaba de un retablo dorado con diez nichos e igual número de santos, entre columnas salomónicas. Las capillas fueron consagradas a Nuestra Señora del Roble, a San Miguel, a la Santísima Trinidad, a San José y a las Ánimas. Para 1775, se terminó el cimborrio y las bóvedas. En 1777, el Obispado suplió en funciones a la parroquia en construcción. El templo era de una sola nave, y para que gozara de mayor amplitud se le adosaron las naves laterales, espacio ocupado antaño por capillas hornacinas. En 1791, la obra estaba terminada, faltando acabados de las fachadas, el reloj, la espadaña y la torre, fecha en que el primitivo cabildo eclesiástico ya ejercía sus funciones. En 1833, el recinto fue consagrado por el obispo Belaunzarán, y en 1891 fue elevado a arquidiócesis. Contemplamos plácidamente la fachada principal, ecléctica: elementos neoclásicos, otros con cierta influencia barroca, enriquecida por el arte que aportaron los creativos nativos de la región, denominado como “tequitqui”. La puerta principal con marco en arco de medio punto sobre columnas dóricas, el portón de dos hojas, con un postigo arqueado cada una, arriba del arco lucen dos medallones, uno de San Rafael y el otro de San Miguel, al centro el emblema papal sostenido por querubines. A los costados del vano hay dos columnas redondas con capiteles dóricos, sobre los cuales sobresalen ángeles, entre las columnas hay un nicho conchiforme vacio, rematado con frontón truncado. Nichos y columnas se repiten en el segundo cuerpo, los capiteles cambian a corintios, al centro está la ventana coral, vertical y arqueada, flaqueada por pequeñas medias columnas dóricas, donde emergen figuras masculinas con sus brazos abiertos, arriba, un nicho conchiforme con figuras paradas y los brazos unidos. Los frisos con decoración vegetal. El tercer cuerpo muestra un nicho al centro, su base la sostiene un ángel, donde posa Dios con los brazos extendidos, el nicho fue embellecido por alegres relieves aledaños, hojas y flores, entre el follaje se esconde un conejo y un jaguar, arriba sobresalen dos atractivas sirenas, la decoración fue dividida por columnas redondas, a los costados está una bizarra escultura de un ángel. El remate fue en semicírculo, donde posa una cruz patente, a cada costado hay dos almenas piramidales, la fachada fue concluida en 1800. Del lado izquierdo apreciamos el reloj, coronado por una espadaña de tres vanos, dos laterales y uno central a un nivel superior y de menores proporciones, rematada en triangulo  y con cuatro almenas, finalizada en 1817. Y del lado derecho admiramos el alto campanario, muy alto, para que lo atisben y lo escuchen los regiomontanos de muy lejos, de planta cuadrada, y de tres cuerpos, con dos vanos arqueados y cuatro columnas estriadas por cara, capiteles corintios en el primer y tercer cuerpo, el de en medio tiene capiteles jónicos, las cornisas fueron dentadas. Fue cubierto por cúpula de tambor octagonal, con un vano oval por cara y almenas en las esquinas, una alta linterna ganó altura, se terminó en 1899.

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