Sí se pudo, fue hace medio siglo y parece que fue hoy cuando Evita Muñiz, Robert Conrad, Alicia Bonet, María Teresa Rivas unieron talento para desempeñar su profesión actoral en locaciones de Guadalajara empezando por el hoy Patrimonio de la Humanidad, Instituto Cultural Cabañas.El desarrollo de “Ven a cantar conmigo” es ingenuo mensajero, sin alardes, pleno de luz y alegría, con el fin de entretener con diversión al espectador, pero con un mensaje evocador y promotor atractivo para el potencial visitante. Sin caer en plano de la comparación, Guadalajara en verano ganó reconocimiento cumpliendo el cometido de difundir aspectos positivos en competencia con la explotación de la miseria vulgar de los barrios propios de la Ciudad de México como estaba de moda.La entrega fotográfica de hora y media fue realizada por Raúl Martínez Solares y la producción se debe a Miguel Zacarías; pero cabe señalar la importancia, reconocida en la presentación misma de la película: el apoyo del gobierno de Francisco Medina Ascencio y tal vez la discreta recomendación de su secretario Jesús Bueno, con la destacable visión turística de impulsar el aprecio al activo de la capital jalisciense.La historia es ingenua, tranquila y dulce para quien busca diversión, y a la vez atractiva al inducir visitas a sitios aledaños, como Chapala. La ocupación de este espacio tiene motivo en los comentarios que recibí a la participación del miércoles próximo pasado referente al cine y su influyente desempeño en el comportamiento de la sociedad contemporánea. El cine, con incuestionable fuerza de penetración, nutre el aprecio a los valores auténticos con su imperecedera función de actuar sobre la mente abierta del cinéfilo receptor. Su alcance está disponible en las nuevas generaciones con talento cultivado en las aulas y herramientas prodigas en tecnología.Dios nos guarde de la discordia.