Sábado, 08 de Mayo 2021

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Una ciudad donde quepamos todos

Por: Diego Petersen

Una ciudad donde quepamos todos

Una ciudad donde quepamos todos

En el balance de lo que han dejado y dejarán los Panamericanos, puede haber muchas discusiones, pero nadie tiene duda en decir que la infraestructura deportiva es el gran activo para la ciudad. Tenemos estadios de alta calidad, espacios para deportes que antes ni soñábamos que existieran, unidades renovadas, canchas parejas, en fin, Guadalajara no solo logró recuperar un rezago en infraestructura sino que algunos estadios son de nivel internacional, para coraje y berrinche de los capitalinos que ya comenzaron a protestar porque “todo se vaya a Guadalajara”. Pero para la ciudad quizá lo que más enseñanza y beneficio deje serán los juegos Para-Panamericanos. Los juegos organizados para personas con discapacidad obligarán a la ciudad a pensar en lo que nunca ha pensado: la accesibilidad para las personas que tienen cualquier tipo de problema para manejarse en la ciudad: ceguera, sordera, parálisis, falta de algún miembro, etcétera, o simplemente vejez, infancia, o enfermedad. Dicen los nuevos urbanistas que una ciudad debe ser pensada siempre en función del más débil. Donde puede caminar un viejo, donde puede circular una madre con una carriola, donde puede pasar una silla de ruedas, donde un ciego puede ir seguro, cabemos todos, caminamos todos, nos sentimos seguros todos. Guadalajara es todo lo contrario. Las banquetas están hechas (más bien deshechas) de manera que es riesgoso caminar, no digamos para discapacitados, sino para una persona joven, ágil e intrépida. En alguna época les dio por poner rampas para sillas de ruedas, pero las hicieron de un tamaño menor a las sillas estándar y con una inclinación difícil de sortear para una persona sola. Para colmo, algunas rampas van a dar directamente contra un poste o una pared, es decir no sirven para nada. Lo hicieron para “cumplir” y para beneficio de alguna constructora, nada más. Las nuevas, por lo menos en el Centro, las hicieron ya pensando en que realmente sirvieran, pero en general son un desastre. Los pasos peatonales están pensados para gente en plenitud de sus capacidades físicas. Pueden ser, no hay que negarlo, buenos para obligar a la gente a hacer ejercicio en estas épocas de guerra a la obesidad, pero no deja de ser paradójico que el esfuerzo lo tenga que hacer el que no tiene motor, el peatón, para que los autos no tengan que detenerse. Nada habla de una ciudad como la accesibilidad; una ciudad accesible es más amable, más incluyente, más democrática. Si los Para-Panamericanos nos dejan como herencia un poco de cultura y sentido de inclusión habrá sido el mejor de los regalos y la mejor de las inversiones: una ciudad donde quepamos todos es, a todas luces, una inversión prioritaria.