Miércoles, 17 de Julio 2024

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Un simple ejemplo del atropello a los peatones: Colón y Periférico

Por: Juan Palomar

Un simple ejemplo del atropello a los peatones: Colón y Periférico

Un simple ejemplo del atropello a los peatones: Colón y Periférico

Es grotesco, escandaloso, irracional, el tratamiento que en tantos casos les da la ciudad a los peatones, a sus habitantes. Mucho se ha abundado sobre el lamentable estado de las banquetas y sobre todos los usos indebidos que estos espacios sufren. El caso de algunos cruces peatonales en avenidas importantes también da mucho que pensar. Para actuar.

La locomoción a pie, tan vieja como el género humano, es increíblemente eficaz y flexible. Un caminante humano es capaz de franquear distancias increíbles y obstáculos innumerables. Se adapta al terreno, vence la topografía, salva accidentes y barreras. Todo, por supuesto, a costa de una cuota de esfuerzo y energía. Las ciudades, desde siempre, abusan de esta condición. Y las que menos lo hacen son, precisamente, las más civilizadas y consideradas con la gente (lo que es casi lo mismo).

Porque, además, no todos los peatones son iguales: hay discapacitados, viejos, niños, mujeres embarazadas o cargando infantes, gente que tiene que cargar bultos. Para todos ellos, superar un obstáculo citadino supone un gran esfuerzo extra. Y esto es, claramente, una injusticia que se comete cotidiana e impunemente.

Analicemos, a este respecto, uno de los cruces peatonales más concurridos de la Zona Metropolitana de Guadalajara: el del Periférico Sur y Avenida Colón. Como se sabe, allí está la terminal sur de la Línea 1 del Tren Ligero. Allí recalan, para hacer transferencias, una serie de líneas de camiones urbanos y foráneos, taxis, transportes privados. Por allí circulan miles y miles de coches y de vehículos de carga. No es necesario decir que el sitio es un gran desorden, plagado por la mala planeación, la insuficiencia de la estación del tren, las decenas de puestos callejeros ubicados sin ningún control, y otros factores. Pero lo que es especialmente ofensivo es el cruce peatonal, utilizado por miles de usuarios diariamente.

Como se verá en el croquis adjunto, para realizar dicho cruce un peatón tiene que ascender por un chorizo de rampas (o algunas escaleras) hasta una altura de seis metros y medio, recorrer unos largos pasillos aéreos en los que es víctima de un ruido ensordecedor, aspirar cualquier cantidad de humos y polvos, sufrir las intemperies. Y luego bajar por otro chorizo de rampas. El trayecto lineal así cumplido asciende a 283 metros. Tres cuadras y media de las más o menos normales, pero de subida y de bajada.

Se podría medir en unidades de energía lo que corporalmente cuesta el recorrido descrito. Y se le podría, con la ayuda de un buen economista, poner un costo monetario a cada uno de estos trayectos. La multiplicación de este costo por todos los usuarios daría, mensual o anualmente, una cifra escandalosa. Con una fracción de ese injusto costo se podría hacer una muy ventajosa alternativa: un túnel peatonal.

No se escatiman esfuerzos para dar costosísimas soluciones vehiculares pagadas con los impuestos de todos —incluyendo los de los peatones— en múltiples cruces viales. Pero para el peatón se va por lo más fácil y rudimentario, como el puente descrito.

El túnel peatonal que ilustra el croquis representa un recorrido de solo 98 metros. Poco más de una cuadra normal, la tercera parte de lo que se tiene que caminar por el puente. Con la diferencia de que tendría rampas de bajada y subida cortas y cómodas, sería más seguro, estaría cubierto y bien iluminado y ventilado, sería más silencioso y contaría con vigilancia permanente, un lugar para guardar con seguridad bicicletas y algunos locales comerciales de primera necesidad. Claro que hay que pensarle y, si hay obstáculos técnicos, salvarlos como en cualquier obra. Pero el mismo buen economista podría establecer todo lo que se ahorra, y se gana, con un túnel como éste. Eso y el beneficio social pagan rápida y sobradamente la inversión. Sorprende que no se hayan incorporado estas soluciones en lugares como Colón y el Periférico. Ganaríamos en dignidad y justicia para todos los peatones, quitaríamos la estramancia del puente con sus respectivos y contaminantes “espectaculares”, haríamos de Guadalajara una ciudad más civilizada. Hay que animarse a hacer cosas distintas.

jpalomar@informador.com.mx

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