Esta cinta nos conduce a la compleja ideología de los países árabes y al recuerdo de la memorable película Lawrence de Arabia, producida hace cerca de cuatro décadas.La narración tiene al protagonista Tom Hanks a la cabeza del reparto: un técnico intentando vender al Rey, ausente de palacio, un sistema holográfico con sus espectaculares contrastes en Arabia Saudita.Muy al estilo personal del actor, ofrece enormes espacios para la introspección del individuo acostumbrado a los sistemas norteamericanos, enfrentados al desierto con sus peculiaridades de origen milenario y arraigadas a una vida ajena a la tecnología.Un holograma para el Rey es traslado del original bibliográfico de mismo título, dirigida por Tom Tykwer del cine alemán, y muestra contrastes dramáticos entre los enormes contrastes de técnica; conocimiento y materialismo entre el desarrollo y las fuerzas de la naturaleza que exponen al actor a un enfrentamiento sin precedente para él, enfocado a la realización de un negocio, motivador de su singular aventura. Resulta fácil y a la vez aleccionador lo que ocurre aquí mismo, donde la familia y su entorno enfrentan la modernidad y sus expectativas expuestas a la exploración de técnicas recientes convirtiendo la ilusión de convertir la realidad a través de la motivación por medio de un holograma.La confrontación transforma una lucha por lo tradicional y lo desconocido alucinante, para dejar la simultánea duda de valor entre lo verdadero en la magia de los instrumentos al alcance del operador con fácil acceso a conversión de su cultura en lucha constante de permanencia y reto hacia lo desconocido.Para quienes han tenido la oportunidad de conocer el Medio Oriente es una remembranza reiterativa, pero no así para la mayoría habituada al drama de la violencia con efectos espectaculares en la pantalla.Dios nos guarde de la discordia.