La Historia de México es una hazaña que podemos celebrar con legítimo orgullo, porque no desmerece ante las más dramáticas epopeyas de la antigüedad, y porque posee una característica única: México fue el lugar histórico de un encuentro entre dos mundos, el mesoamericano y el católico español, absolutamente ajenos el uno para el otro; dos culturas distantes y distintas que, no sin dificultades, convergieron y convivieron a lo largo de tres siglos hasta alcanzar una síntesis basada en la noción en que los hombres, diversos en la piel, el origen y las costumbres, son iguales ante el Creador. * * * En el siglo XIX se produjo un milagro de convicción. En un mundo desgarrado por sangrientas querellas religiosas, México practica la más completa libertad de creencias. En un mundo donde las razas arrogantes han masacrado por millones a los débiles, México ha sido un puerto de arribo para los perseguidos de la tierra. En un panorama de naciones que se desintegran, México ha sido una perspectiva y un hogar generoso. * * * El ejercicio pleno, responsable y maduro de nuestra democracia podría ser nuestro aporte a las generaciones venideras; el aporte que nuestros antepasados pudieron legarnos, porque en vez de discutir sus desacuerdos se mataron por ellos. Recordemos que nuestros experimentos democráticos han terminado siempre en dictaduras. * * * Cuando la naturaleza nos desborda con fuerza, vemos lo grandes que pueden ser nuestras débiles fuerzas, y lo grandes, también, que son nuestras pequeñas miserias. * * * Todas las mujeres valen por sí mismas, sin llevar el signo oprobioso que a sus nombres se agregan como advertencia de propiedad, como si fueran posesión particular de un hombre… Nadie es de nadie, ni puede haber otra pertenencia que derive de la identificación plena de estimaciones y afectos. * * * No debemos dejar de hacer lo que queremos por temor a equivocarnos. Aun nuestros errores pueden ser una contribución al bien de los demás. Alguien podrá pensar que hizo el ridículo el primer hombre que tiró piedras a las nubes para alejar la tempestad. La equivocación y el fracaso de aquel antepasado sirvieron para que los demás hombres no cometieran ya ese mismo error. Los aciertos en que se basa nuestro mundo son fruto de incontables equivocaciones cometidas por incontables hombres. Si no se hace nada, nadie se podrá equivocar, y si nadie se arriesga a equivocarse, no se podrá hacer nada. Debemos salir al mundo a equivocarnos, es decir, a hacer algo. * * * Es necesario aprender cotidianas lecciones de estoicismo, el poder inmenso de la sonrisa, la sabiduría del silencio y la enorme serenidad que se necesita para aceptar la ventura y la adversidad. * * * Lo que llamamos muerte es sólo un instante de la vida que vuelve a comenzar, a empezar siempre en un inacabable círculo de eternidad.