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Sábado, 19 de Octubre 2019
Ideas |

Temas para reflexionar

Por: Flavio Romero de Velasco

Liberal es una palabra que a pesar de la insidia con que han querido ensuciarla, sigue siendo una palabra hermosa, pariente sanguínea de la libertad, y de las mejores cosas que le han pasado a la Humanidad, desde el nacimiento del individuo, la democracia, el reconocimiento del otro, los derechos humanos, la lenta disolución de las fronteras y la coexistencia en la diversidad. No hay palabra que represente mejor la idea de civilización y que esté más reñida con todas las manifestaciones de la barbarie que han llenado de sangre, injusticia, censura, crímenes y explotación la historia humana. Pocos intelectuales modernos han luchado con denuedo para mantenerla viva y operante, frente a todos los fundamentalismos oscurantistas que desde los cuatro puntos cardinales han pretendido inútilmente aherrojarla. Nunca como hoy, el ser humano ha estado sometido a tan caudaloso e incesante torrente de vacuidades y disparates. Basta con despertar par que se derrame sobre nosotros un aluvión incontenible de sandeces y necedades. ¿Tenemos razones para que se desborde nuestro optimismo? Sí y no. Según exaltades panegiristas, México es una nación poderosa: la séptima economía del mundo con dos millones de kilómetros cuadrados, todos los climas y riquezas minerales; 10 mil kilómetros de litorales, una frontera de tres mil kilómetros con el país más rico y poderoso del mundo y un pueblo ingenioso y trabajador. ¿Y nuestros pasivos?: una oligarquía rapaz, un maridaje de políticos corruptos y potentados insaciables, y una casta de administradores que han debilitado nuestra economía y que han entregado el control del Estado a monopolios privados. ¿Y nuestra incómoda vecindad con los Estados Unidos?: nuestra mayor desgracia: dominio económico y político, sojuzgamiento férreo, desprecio y racismo insultante, incomprensiones sin límite y denigraciones abiertas que agravian y escarnecen. ¿Algo más? Amnistía Internacional destapó y señaló la responsabilidad de la Policía colombiana en las operaciones llamadas “limpieza social”, eufemismo que encubre el sistemático exterminio de homosexuales, prostitutas, drogadictos, mendigos, enfermos mentales y niños de la calle. A todos ellos, la sociedad colombiana los llama “desechables”, que es como decir basura humana. El gran escritor Fernando del Paso ha expresado que “el laicismo, lejos de atacar a una religión, las protege a todas, y protege por igual a todos los creyentes y los no creyentes, incluyendo a los propios jefes de Estado que, en una república laica, tienen la libertad de ejercer su propio credo privado” Todos los días pagamos puntualmente nuestra cuota de muertos en el fúnebre recuento de la guerra sin fin.

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