Ideas | Temas para reflexionar Por: Flavio Romero de Velasco 23 de julio de 2011 - 02:00 hs Hay una nueva ideología que no es social ni económica, ni étnica ni nacional, ni siquiera política, porque sus causas, conjeturas, justificaciones y proyectos no corresponden a la matriz habitual en las revoluciones de Occidente. La nueva idea, la nueva ideología, es esencialmente religiosa, fundamentalista, apocalíptica: el radicalismo islámico. Los atentados terroristas son una señal más de que esa vieja y nueva ideología se reproduce como un cáncer que metástasis. La sabia advertencia de la Biblia lo dice: “El orgullo precede a la destrucción, y la soberbia es el prólogo de la caída”. Hay dos maneras de vivir. En la primera se da todo por hecho, no hay capacidad de asombro ni curiosidad, las cosas son así y no hay porqué preguntarse cómo fueron o cómo podrían ser. En la segunda todo es milagroso y sorprendente. Vivir del primer modo es vivir en el tedio, pues sólo se ve y no se mira. Cuando uno acepta la vida como incesante milagro, todo es asombroso y apasionante. El filósofo español José Ortega y Gasset dijo: “El poder público tiende siempre y dondequiera a no reconocer límite alguno. Es indiferente que se halle en una sola mano o en la de todos. Sería por lo tanto una ingenuidad absoluta creer que a fuerza de democracia podemos esquivar el absolutismo; todo lo contrario: no hay tiranía más feroz ni autocracia más salvaje que la difusa e irresponsable del pueblo”. ¿Por qué tan mediocres, convencionales y truculentas novelas repletas de lugares comunes que manipulan tan groseramente la sensiblería de los lectores, y que viven una moral tan falsa, pueden alcanzar una preferencia tan descomunal? Es uno de los misterios de la literatura en particular y del arte en general... Este tipo de literatura es requerido ávidamente por un vasto público para llenar un vacío, para satisfacer un apetito psicológico, moral o intelectual, que las más grandes realizaciones del arte o la literatura son incapaces de llenar. Un cura de hace muchos siglos, en su imaginario coloquio con el Señor, le preguntó: ¡Quiénes son los mejores teólogos del mundo? —Te diré —respondió el Creador. Los mejores teólogos del mundo se llamarán Copérnico, Galileo, Paracelso, Servet, Newton, Pasteur, Darwin, Einstein, Freud... Señor, dudó el cura, entiendo que esos señores habrán de ser científicos. —Y teólogos también —dijo el Creador. Son ellos los que mejor explicarán mi creación, y por lo tanto, los que mejor me explicarán a mí. ¿Qué adjetivo podría dársele hoy a la Humanidad? Díaz Mirón así lo expresó: “Humanidad pigmea / tú que proclamas la verdad y el Cristo / mintiendo caridad en cada idea”. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones