Este 31 de marzo, decenas de miles de habitantes de la ciudad se sorprendieron: no tenían agua potable. Justo a partir de este día y durante todo el tiempo que resta hasta que comience la temporada de lluvias, el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) retomó el operativo de tandeos que no aplicaba desde hace tres años. La de Guadalajara es un área urbana con numerosos problemas. Uno de los más profundos, más urgentes, es la falta de agua potable y el incompleto sistema de tratamiento de aguas residuales. Hasta hace un par de años, un anuncio espectacular en el Periférico, a poca distancia del acceso a la popular zona de Tabachines, advertía que en el futuro de la humanidad las guerras se librarían por el control del agua. Paradójicamente, el anuncio se fue borrando a fuerza de lluvia y sol, sin que mereciera apenas algún comentario. Más que una seria advertencia, parecía un eslogan de película futurista; algo que puede ocurrir muy lejos en el tiempo, pero no ahora. A propósito del tema, el pasado 25 de marzo el presidente del país, Enrique Peña Nieto, realizó uno de sus típicos viajes de trabajo; estuvo ese día en Tecate, Baja California, donde inauguró la presa Las Auras, una obra hidráulica en la que se invirtieron 183 millones de pesos. En el evento, el mandatario anunció que durante su administración se invertirán hasta 300 mil millones de pesos en diferentes puntos del país para construir infraestructura hidráulica, pero también advirtió que en México es cada vez más difícil obtener agua potable: se está acabando en la superficie y las perforaciones han sobreexplotado las reservas bajo tierra. A los habitantes del Área Conurbada de Guadalajara no les preocupa el tema. Las palabras de Peña Nieto en Baja California suenan ajenas, extrañas; y la posibilidad de que estallen guerras por el agua les parece tan cercana como la invasión rusa en la Península de Crimea. Pero la realidad es otra. El destino está alcanzado a los 1.5 millones de habitantes de esta gran mancha urbana, que consumen un promedio personal de 200 litros de agua por día. Es un ritmo sencillamente insostenible. Al tiempo que el SIAPA inició los tandeos, se informó también que el Lago de Chapala (principal fuente de abastecimiento de agua para la ciudad) perdió dos centímetros de su nivel apenas el fin de semana; de hecho ha perdido 50 centímetros en los últimos cuatro meses, pero el calor más severo apenas iniciará. Para algunos observadores volver a los tandeos significa, tácitamente, el apoyo oficial a la construcción del proyecto original de la Presa el Zapotillo, con inundación incluida del simbólico poblado de Temacapulín. Pero el tema tiene un alcance mayor: significa que se está acabando el agua y que no se trata de un fenómeno tapatío. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) han documentado desde hace años algunos hechos como los siguientes: una de cada tres personas en el mundo carece de agua suficiente para sus necesidades; la escasez de agua ocurre también donde llueve regularmente por la manera ineficiente como se usa y distribuye; dentro de sólo 11 años (en 2025), dos mil millones de personas vivirán en países o en regiones con escasez absoluta de agua. Las consecuencias de la falta de agua, por otra parte, son más severas que los problemas cotidianos para bañarse y lavar la ropa. Donde falta agua hay pobreza, enfermedades, subdesarrollo, depredación ambiental y, por lo tanto, un grado de inestabilidad y violencia que conduce fácilmente a conflictos armados. No se trata de alarmarse gratuitamente, pero hay una gran cantidad de preguntas sin respuesta: ¿qué hay después de los tandeos? ¿Se garantizarán lluvias suficientes mediante decretos oficiales? ¿Hasta cuándo se harán las inversiones para contar con una red de distribución que reduzca desperdicios de agua? ¿Cuándo iniciará la edificación de depósitos para captar el agua de lluvia? ¿El SIAPA está en las manos correctas; son técnicos o políticos? Los escenarios más negativos no están ni al otro lado del mundo, ni tan lejos en el tiempo.