Este letrero ha servido en muchísimos casos para perjudicar a la ciudad. Se le ve colgado en la fachada de multitud de casas habitación y de edificios de apartamentos, en zonas cuyo uso mixto hace suponer a los propietarios que obtendrán mejores resultados arrendando sus bienes a algún negocio u oficina antes que a alguien que quiera hacer del inmueble su casa. Durante muchos años los propietarios de bienes para rentar tuvieron diversos problemas inquilinarios gracias a procedimientos legales que hacían de la renta para fines habitacionales algo riesgoso e impredecible. Sin embargo, las normas han evolucionado y es ahora posible regular la relación arrendador-arrendatario de una manera más adecuada. Otro argumento de los caseros era que, supuestamente, los negocios maltrataban menos las fincas que los habitantes de una casa. Eso está muy por verse. Lo que está en el fondo del problema es la misma habitabilidad de las zonas en donde se dan los usos mixtos sin control y que comienzan a expulsar a los habitantes y a hacer, por consiguiente, que esos entornos pierdan calidad de vida y concentren problemas de estacionamiento, vigilancia, limpieza y servicios públicos. Esto genera una gradual decadencia que termina por afectar a toda la demarcación y, por lo tanto, a depreciar el bien que pretendidamente tanto se cuida por sus dueños. En cambio, fomentando la habitación se logran entornos estables y civilizados, más rentables a final de cuentas. Todo el que ha podido conocer otras buenas ciudades sabe, por experiencia, que esas bondades vienen, en buena parte, porque predominan los usos mixtos y la gente puede habitar, comprar, estudiar, trabajar, divertirse, etcétera, en el mismo barrio. De hecho, hay muchos lugares en los que está reglamentado: plantas bajas, usos mixtos; plantas altas, habitación. Una curiosa tara tapatía recurre frecuentemente a decir que tal zona o fraccionamiento es “de exclusivo uso residencial”, como si esto fuera una ventaja. Así, se da el caso de Providencia, que es el centro de compras y entretenimiento de Colinas de San Javier, Lomas del Valle, etcétera. Los problemas de Providencia se basan en la falta de regulación adecuada de los usos mixtos, no en la existencia de ellos (muchos son deseables e incluso indispensables). Las otras colonias mencionadas, por su parte, carecen de cualquier vida barrial y dependen para todo del coche. Ahora, nos encontramos por diversos rumbos letreros que ya se hicieron viejos tratando de rentar oficinas en edificios de una cierta edad. Como se ha dicho antes en esta columna, debería de hacerse un plan de reconversión de esos edificios de oficinas que ya a nadie interesan y están ocupados en baja proporción para hacer apartamentos. No es difícil y los propietarios y las demarcaciones concernidas saldrían beneficiados. Es conocido el hecho de que existe demanda y necesidad de vivienda en las zonas consolidadas de la ciudad. Sería una manera de densificar ordenadamente el municipio. Pero, insistimos, todo empieza por ponernos de acuerdo en lo que es la verdadera habitabilidad y la calidad de vida en la ciudad. Y actuar en consecuencia.