Jueves, 23 de Octubre 2025

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Rompieron viejas creencias

Por: Sergio René de Dios

Han transcurrido más de 60 años de que se publicó por primera ocasión El Laberinto de la Soledad, de Octavio Paz. Con esa profundidad de pensamiento que caracterizó a nuestro Premio Nobel, ahondó en un tema complejo como es el ser, la raíz, el alma del mexicano. En su obra describe el perfil promedio como el de una persona a la defensiva, que no se muestra como es, celoso de su intimidad, lejos del mundo y de sí mismo, entre otros rasgos. Hoy, habría que hacerle matices.

En una parte de su ensayo señala: “Todas estas expresiones revelan que el mexicano considera la vida como lucha, concepción que no lo distingue del resto de los hombres modernos. El ideal de hombría para otros pueblos consiste en una abierta y agresiva disposición al combate; nosotros acentuamos el carácter defensivo, listos a repeler el ataque. El “macho” es un ser hermético, encerrado en sí mismo, capaz de guardarse y guardar lo que se le confía. La hombría se mide por la invulnerabilidad ante las armas enemigas o ante los impactos del mundo exterior. El estoicismo es la más alta de nuestras virtudes guerreras y políticas. Nuestra historia está llena de frases y episodios que revelan la indiferencia de nuestros héroes ante el dolor o el peligro. Desde niños nos enseñan a sufrir con dignidad las derrotas, concepción que no carece de grandeza. Y si no todos somos estoicos e impasibles —como Juárez y Cuauhtémoc— al menos procuramos ser resignados, pacientes y sufridos. La resignación es una de nuestras virtudes populares. Más que el brillo de la victoria nos conmueve la entereza ante la adversidad”.

El sábado pasado no encontré buena parte de esos rasgos en los jóvenes futbolistas que ganaron la medalla de oro en los Juegos Olímpicos. Seguí su actitud y desempeño en las canchas. Ningún equipo mexicano había llegado hasta la final y mucho menos obtenido la presea más codiciada. Llegaron lejos en el deporte más popular del país. Con su triunfo se rompieron viejas creencias clavadas en la idiosincrasia mexicana. Nada de sufrir con dignidad. El “sí se puede” se convirtió en una afirmación: “Ganamos”. Su victoria futbolística fue nuestra victoria en mejores creencias. Su ganar fue convencernos de que se puede, podemos y merecemos ganar en muchas lides.

Algo mágico sucedió ese día en México. Algo favorable. Positivo. Lo vi en rostros, lo escuché en comentarios, lo leí en internet, entre gente común. Mientras el sábado buena parte de las noticias era sobre acontecimientos crueles y oscuros por la violencia desatada, otros jóvenes mexicanos sonreían en Gran Bretaña, mostraban a sus coterráneos lo que somos capaces. Nos vimos en ellos. Ser joven es ser inconforme, crítico y rebelde con inteligencia. Como los jóvenes de #YoSoy132, como los que están metidos en la defensa del medio ambiente, sumergidos en la defensa de los derechos humanos, inconformes con un mundo que no quieren recibir así, injusto y malhecho. Los jóvenes, de nuevo en el escenario.

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