Si hay una marca que genera pasiones en este país, es Renault. Sí, hay otras que lo hacen, como Volkswagen o Ford, pero en el caso de la marca francesa el ardor en su defensa es tan fuerte como necesario. Esta necesidad se debe a la irregularidad con que ha estado presente en suelo mexicano. La primera muestra de ello fue en 1986, cuando forzada por un decreto que obligaba a que se produjera en el país para vender aquí, Renault se fue, dejando a miles de inconsolables huérfanos. Su regreso en 2001 prometía regularidad, pero ha habido todo menos eso. En este momento, Renault México pasa por otro periodo de mudanzas y como en cada uno de ellos, las esperanzas se renuevan. Pero ahora más que antes, hay motivos para pensar que el futuro será mejor.Cuando volvió a producir y vender autos en México a principios de la década pasada, Renault mostró un gran crecimiento. De entrada recuperó a muchos de los clientes que había perdido a finales de los años 80 y, claro, con un mercado mayor, aspiraba a conquistar a varios más. Trajo sus modelos más nuevos, es decir, lo que había de mejor en la casa matriz en Francia. Esto, a la larga, probó ser un movimiento no muy afortunado. Autos como el Laguna y el Megane, principalmente en su segunda generación, no pudieron adaptarse bien a las condiciones extremadamente exigentes de México, con ciudades ubicadas en altitudes elevadas, lo que exige más del motor; llenas de topes, baches y semáforos, lo que fuerza a un uso más rudo de suspensión, frenos y caja de cambios. Esos autos eran visitantes frecuentes de los distribuidores, para decepción de los amantes de la marca y disgusto de los nuevos clientes. La fama de “finos pero delicados” —una forma suave de decir que se descomponían con mucho más frecuencia de lo aceptable— se afianzó de una manera tan fuerte, que Renault aún no lo puede revertir.Todo pese a que en 2009 empezó a verse un necesario e importante cambio. Con la llegada de Olivier Murguet, que vino con la consigna de hacer un diagnóstico completo de Renault en México y descubrir si el paciente estaba desahuciado o si era posible mantenerlo con vida, todo comenzó a ser diferente. Con la agudeza de pensamiento de un “Doctor House” —el personaje interpretado por Hugh Laurie en una serie de TV, capaz de diagnosticar lo que otros médicos no lograban hacerlo— Murguet observó, preguntó y escuchó. Luego, actuó como debía de ser. Cambió la gama de la marca de los modernos pero “delicados” franceses por productos mejor adaptados a nuestro mercado. Eran más rústicos tal vez, pero mucho más durables.En menos de dos años Renault México era otra. Respiraba a todo pulmón. Concesionarios y clientes estaban contentos como nunca antes. Pero el éxito llevó a Murguet a desafíos mayores, más precisamente a Brasil, el más importante mercado de América Latina. Sin que nadie se sorprendiera, Renault Brasil rebasó los 6% de participación de mercado, amenazando a marcas más tradicionales y arraigadas como Ford Motor Company. Nueva caída y las perspectivas futurasEn su lugar en México quedó Bruno Pasquet. Inteligentemente, Pasquet mantuvo la política de Murguet y de alguna manera la marca vivió tres años de la inercia positiva que traía. Durante el periodo de Pasquet, Renault aún contó con el arribo de la Duster, su mayor éxito en años recientes, que estuvo por ocho meses sin competencia y vendiendo todo lo que podía traer. A su retiro en 2013, llegó Charles Clausse. Para entonces, la inercia positiva ya no existía y Clausse nunca supo realmente cómo mantener la salud de la marca, lo que terminó con su salida en enero de este año. Cuando las cosas parecían más complicadas que nunca, llega la noticia de que Olivier Murguet pasa a ser el responsable de la marca en las Américas, lo que pone a México de nuevo bajo su mando. La primera tarea fue nombrar a José Luis Montiel, un experimentado y competente ejecutivo con paso por General Motors, Infiniti e Nissan, como nuevo Director General de Renault en México, quien va a reportar directamente a Murguet.La simple noticia ya renovó el decaído ánimo de empleados y distribuidores. Coincidencia o no, pocas semanas después Renault anunció incluso la fabricación de una pickup en suelo mexicano, en la planta de la Alianza Renault-Nissan en Cuernavaca.El entusiasmo es no sólo comprensible, sino justificado, porque para una marca que vivió tantos altibajos en México como Renault, estar bajo el mando —aunque sea indirecto— del hombre que la hizo vivir el mejor periodo de su historia reciente en el país es mucho más que una señal de esperanza, es casi una garantía de tiempos mucho, mucho mejores que los últimos años.