Miércoles, 22 de Mayo 2024

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Protestas

Por: Jaime García Elías

Protestas

Protestas

Si de organizarse para protestar se trata, hay algo mejor que ser estridentes: ser inteligentes.

La eficacia de una protesta no se mide por el ruido mediático que genera, ni por los destrozos que reporta, ni, mucho menos, por el saldo de víctimas que deja. Una manifestación de protesta es válida en la medida en que resulta inofensiva, de entrada, a partir de la premisa de que es necio que paguen justos por pecadores... pero, sobre todo, por la medida en que se alcanzan los objetivos que se buscan.

Botón de muestra: la que realizó ayer en Guadalajara menos de un centenar de personas “afines (?) a la Federación de Estudiantes Universitarios”, para inconformarse por el reciente incremento a las tarifas del transporte público en Jalisco.

-II-

Por supuesto, hay la posibilidad —muy remota, por cierto— de que se consiga revertir el “palo dado” (que ni Dios quita) decidido a finales del año pasado. Si así llegara a suceder, la consecuencia lógica sería que, puesto que se les castigan sus ingresos, los prestadores del servicio castiguen a los usuarios reduciendo —¡aún más!— la calidad del mismo. Si se entiende, en cambio, que una cosa es el precio y otra el valor de las cosas o los servicios, se antoja pensar que lo sensato no es abaratar los pasajes, sino mejorar las prestaciones que los pasajeros reciben a cambio de la cuota que se considere pertinente: unidades razonablemente confortables; número suficiente de camiones; rutas lógicas (menos caprichosas que muchas de las actuales, absolutamente laberínticas); más que los efímeros —y generalmente inútiles— “cursos de capacitación” para los conductores, un esquema de ingresos económicos y tiempos de recorrido que propicie un mejor trato a los pasajeros e inhiba la “guerra del boleto” que traslada a las calles de la ciudad, en detrimento de la comodidad y la seguridad de los usuarios del transporte, de los demás conductores y de los peatones, una cruenta versión de la Ley de la Selva.

-III-

Más que las manifestaciones y marchas de protesta —estridentes... pero ordinariamente estériles— de los ciudadanos, haría falta vigilancia sistemática y mano dura de la autoridad para sancionar las imperfecciones en que de manera continua se incurre en la prestación de ese servicio, en perjuicio de los propios ciudadanos.

(Es cierto, lector amable: el remedio, más que en abatir las tarifas, consistiría en aplicar “vigilancia sistemática y mano dura de la autoridad”... ¡si la hubiera!).
 

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