Domingo, 19 de Mayo 2024

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Prensa en tiempos violentos

Por: Diego Petersen

Prensa en tiempos violentos

Prensa en tiempos violentos

Cada vez que asesinan a un periodista matan un poco de nuestra libertad de expresión. Nadie debería de morir por expresar sus ideas o por saber algo que nos afecta a todos, como tampoco nadie debería de morir por un reloj, un carro, una discusión idiota, una guerra de pandillas. Toda muerte violenta, independientemente del oficio o calidad moral del muerto, es una tragedia. No hay, o no debería haber, muertos de primera y de segunda, pero en un país donde la muerte es el pan nuestro de cada día nos hemos acostumbrado a vivir con ello, hemos perdido nuestra capacidad de admiración y sólo cuando la muerte nos toca de cerca, por parentesco, geografía u oficio, entonces le ponemos nombre y apellido a la víctima y le damos voz a nuestra propia indignación.

La muerte del periodista Gregorio Jiménez ha causado un enorme revuelo y enojo en contra de las autoridades del estado de Veracruz, y hay razones de sobra para ello. Gregorio no es una distinta al resto de los muertos, pero muestra el nivel de impunidad y la incapacidad del Estado. La primera obligación del Estado es darnos seguridad, insisto, no a los periodistas sino a todos los ciudadanos, y cada vez que alguien, por la razón que sea, sea un narco, un empresario o un estudiante, es asesinado, el Estado ha fallado.

La reacción del gobierno de Javier Duarte ha sido vergonzosa, de eso no hay duda. Su trabajo fundamental, al parecer nadie se lo ha explicado, no es esclarecer asesinatos sino evitar que sucedan. Las explicaciones pueden servir para evitar muertes futuras, pero no para disculpar al Estado. Si Gregorio Jiménez estaba investigando o no negocios del crimen organizado, ayuda a entender la causa pero no a justificarla. Al igual que en Veracruz, el mensaje cifrado que mandan los gobernantes cada vez que asesinan a un periodista es “No se metan con el narco”, cuando lo que deberían de decirnos es “Vamos a acabar con el narco”.

Hay también una tendencia, casi tan desagradable como la reacción del gobierno veracruzano, de victimización de los periodistas: la cursilería del gremio afloró a raudales en las redes sociales en estos días. La libertad de prensa requiere de un medio ambiente que permita su ejercicio para el bien de una sociedad. La violencia, el neo-autoritarismo y la pauperización económica de muchos medios del país por la crisis de modelo de negocio en el que estamos metidos, hacen que el hábitat para el ejercicio de la libertad de expresión no sea el idóneo y que el riesgo de la profesión crezca. En la reconstrucción de este medio ambiente en el que se pueda desarrollar sanamente el ejercicio periodístico el gobierno tiene un parte fundamental, y es la que tiene que ver con la seguridad, pero la construcción de sistemas de protección y capacitación, así como redes de solidaridad, nos toca a medios y sobre todo a periodistas.
 

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