Ideas | Pavimentos y asfaltos: ¿y la ciudad? Por: Juan Palomar 30 de septiembre de 2011 - 02:06 hs Pavimentos y asfaltos: ¿y la ciudad? Se han visto grandes esfuerzos por cambiar los pavimentos de algunas calles de la ciudad por un robusto (esperemos) concreto hidráulico. Muchos metros cuadrados de arroyos vehiculares renovados y, curiosamente, ni uno de banquetas. Sería bueno recordar que la mayor parte, con mucho, de los viajes cotidianos de los tapatíos se realizan a pie. No se ve que se haya avanzado ni un poco en la accesibilidad universal, en rampas para discapacitados; tampoco se observa algún árbol más a lo largo de esas calles que ayude a mitigar la fealdad y el solazo. Pareciera que se olvidó que la ciudad debe hacerse más habitable para la gente, antes que más rodable para los vehículos. Hubiera (como se acaba de leer, el hubiera sí existe) sido muy práctico, antes de endeudar a la ciudad por más de mil millones de pesos, hacer una breve reflexión sobre la naturaleza de las calles y las banquetas en Guadalajara. Desde las primeras banquetas que existieron, obviamente en el primer cuadro urbano, se tendió a ceder el mayor espacio posible a los carruajes, cuyas maniobras tendían a ser aparatosas y complicadas (de allí los antiguos guardacantones, que protegían las esquinas de las fincas). Al cabo que los peatones son más ágiles y saben caminar en fila india, etcétera. Esta inercia, la del sacrificio del peatón para beneficio del tráfico rodado, ha prevalecido a través del tiempo. Por eso, antes de intervenir cualquier calle, lo indispensable es analizar detenidamente la actual sección y sus posibles ajustes. Qué proporción de su anchura debe ser preservada para el peatón, qué tanta es la suficiente para el tráfico automotor, y qué tanta para el estacionamiento vehicular, si es que se justifica. El resultado de esta operación redunda en un aumento significativo del espacio para la gente y en un incremento radical en la habitabilidad de la ciudad. (Ver el resultado de este proceso en las más de cien manzanas del centro renovadas en la pasada administración.) Tómese de ejemplo el corredor Tolsa-Munguía (Enrique Díaz de León). Por alguna razón, cuando esta calle se amplió a mediados del siglo pasado, se optó por dejar mínimas banquetas y amplio espacio para cinco carriles vehiculares. Nadie ha sabido para qué cinco. A lo mejor se pensaba dejar un camellón para el que no ajustó el dinero, o a lo mejor se iban a hacer banquetas más anchas y luego siempre no. El caso es que por décadas Tolsa-Munguía funcionó con cuatro carriles extra anchos, hasta que a alguien se le ocurrió hacer unos pedazos con tres carriles para un lado y dos para el otro, que luego se suspendían o cambiaban para mayor confusión. Por mientras, la calle se consolidó como una de las más feas e inhóspitas de la ciudad. La verdadera renovación de ese corredor hubiera sido el replanteamiento de su sección y, a través de ello, de la naturaleza y función de uno de los principales ejes urbanos. Se hubiera (otra vez) visto que ese carril extra se puede destinar a los peatones ampliando las banquetas y arbolando eficazmente todo el trayecto. De allí se podría haber derivado una verdadera revitalización del corredor, un plan de rescate de fincas y consolidación de lotes más aprovechables, una mejor actividad vecinal y económica. Y rampas en las esquinas. Pero, es necesario insistir, se requiere ver más allá del concreto y de los coches. Es necesario hacer de cada acción un esfuerzo por mejorar, de fondo, a la ciudad. jpalomar@informador.com.mx Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones