Ideas | Papá Medina Por: Carlos Loret de Mola 1 de septiembre de 2011 - 02:00 hs Papá Medina Una lujosa casa en la colonia Lomas del Valle, en la Zona Metropolitana de Monterrey, es la sede del poder real del Gobierno de Nuevo León. Ahí despacha el abogado Humberto Medina Ainslie, padre del actual mandatario, el priista Rodrigo Medina de la Cruz. Para quienes desean algo relacionado con el aparato público del emblemático Estado del Norte del país, la mansión es escala obligada: ¿Un puesto en la burocracia? ¿Una posición política? ¿Una obra? ¿Una licitación? ¿Un permiso? El papá negocia, el hijo firma. Litigante que hizo carrera en Coahuila, recientemente avecindado en Nuevo León, Humberto Medina fue, en la recta final del sexenio estatal anterior, jefe jurídico del entonces mandatario Natividad González Parás. En campaña, cuando los escándalos de los “hermanos de Nati” —así le apodan al ex gobernador— estuvieron a punto de truncar sus aspiraciones, Rodrigo Medina prometió a no pocos interlocutores que para evitar esos conflictos de interés mandaría a su familia a vivir fuera de la Entidad. No cumplió. Todo esto lo revelan fuentes de muy alto nivel en la vida socioeconómica de Nuevo León, que lastimadas por la descomposición en la gobernabilidad de su Estado, se deciden a contar sus historias de cómo reinan la corrupción y la extorsión de traficantes de drogas y de influencias, de cómo tienen que pagar un doble “piso” —uno a las organizaciones criminales, otro a las organizaciones políticas—, de cómo son también delincuentes los que deben defender a la sociedad de los delincuentes. Una primera muestra la regaló ayer Jonás Larrazábal, hermano del alcalde de Monterrey, el panista Fernando Larrazábal, quien fue exhibido en tres fechas distintas, en tres casinos diferentes, en tres videos imperdibles, recibiendo fajos de dinero presumiblemente a cambio de que dichos establecimientos pudieran seguir operando aun sin cumplir las normas municipales a cabalidad. La segunda muestra es un nivel arriba en el escalafón gubernamental. Otro partido, otro funcionario, otro familiar, pero la misma víctima: la sociedad regiomontana. Medina y Larrazábal son, en alguna medida, quizá mínima, víctimas del fracaso de la estrategia del Presidente Calderón para combatir al crimen organizado. Pero ellos han abonado para descomponer todavía más la situación en Nuevo León y Monterrey, respectivamente: A pesar de su inusual prontitud para detener a los presuntos involucrados en el incendio del casino, a Rodrigo Medina se le fue Nuevo León de las manos hace tiempo. La petulancia y el desdén en su relación con sus gobernados y sus interlocutores —no sólo de él, sino de su vocero, su procurador, etc.—, aunados a su poca capacidad de operación política, lo tienen en la lona de la impopularidad. A Larrazábal, el caso de su hermano debería conducirlo a la renuncia y a cancelar sus aspiraciones a la gubernatura, sobre todo porque el discurso del PAN en campaña es recordar las maldades del “viejo PRI”. Y eso de tener un hermano incómodo es más priista que Carlos Salinas. Saciamorbos Para allá va Acapulco. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones