Miércoles, 17 de Julio 2024

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Objetivo justifica los medios

Por: Carlos Cortés

Objetivo justifica los medios

Objetivo justifica los medios

La estructura monolítica de la política ha cambiado en las dos últimas décadas. La masa está fragmentada aun al interior de los partidos con creciente heterogeneidad y la democracia decanta los valores originales de su existencia.


Persiste un localismo exacerbado por la ecología, color de piel y lenguaje que sirve para disgregar, con elementos conducentes a preferencias electorales o de otra índole, incluyendo delictiva. Quedan al margen los principios democráticos de mayoría consciente de propósitos y objetivos específicos para la comunidad de la localidad.


El proceso de adaptación a la desmasificación es la anarquía sin rumbo fijo, y sólo aliento del inmediatismo de grupos o masas conductoras del desequilibrio social. Los focos de inquietud forman un mosaico diversificado: desde localidades modestas como las michoacanas, hasta la mayor urbe del país, la Ciudad de México.


En la proporción intermedia figura Guadalajara con motivaciones polarizadas de comercio organizado e informal creando una masa efervescente que atrae los intereses económicos con potencial empleo político. Todo, menos unidad con propósitos de crecimiento y desarrollo organizado.


Desarraigo, desempleo y pobreza con el peso de la ignorancia, y menos aún acceso a las tecnologías contemporáneas, son presa fácil de las pasiones conductoras de tensión local y rápidamente amplificada por la difusión a través de los medios de comunicación; hecho que favorece la negativa multiplicación.


Está comprendido que la democracia abriga diversidad de pensamiento y propuesta, pero el fanatismo actual la niega en materia educativa, arraigado en teorías y acciones fuera del contexto positivo al que inducen las reformas y su análisis con atenta consideración; tanta consideración como aprecio a los rechazos bien fundados. Pero de ninguna forma es admisible la postura desordenada precursora de violencia.


Debe prevalecer y por lo mismo aceptarse los cambios radicales operados en la sociedad; sociedad no circunscrita a un modesto poblado o urbe sobrepoblada como antes, sino a la suma de pensamiento y conocimiento procedente de cualquier parte del mundo; igual que a cualquier parte puede concurrir el nuestro. Esto no era un recurso común en tal proporción y facilidad hace apenas dos décadas.   


La promesa o amenaza internacional alienta oportunidades. Según el caso es aceptación o rechazo, dependiente de la sensata visión de líderes dotados de la visión y creatividad acordes a la realidad innovadora de la circunstancia actual.


Los cambios, tan presentes como ineludibles, llegan y causan sus efectos en la proporción correspondiente a quienes predispone la naturaleza, la condición humana y su nivel de incorporación a la tecnología con la capacidad para ejercer aceptación o rechazo, congruente a los lineamentos ponderados por el gobierno. Es estrecho el sendero del dicho al hecho, reclama audacia, creatividad y arrojo, pero sobre todo coordinación de fuerzas y ponderación de debilidades.
 

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