Domingo, 12 de Octubre 2025

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¡Me lleva el paradigma!

Por: Benito Taibo

En los últimos tiempos, escucho una y otra vez como se utiliza alegremente, fuera de contexto, sin ton ni son, pues, la palabra paradigma para todo.

Parecería que está de moda; alguien la encontró perdida en el archivo de las etimologías grecolatinas y la sacó a colación para mostrar que se podía ser culto frente a las luces de la historia.

Según la vieja, anquilosada, pétrea Real Academia de la Lengua Española (¡y olé!), paradigma significa “ejemplo o ejemplar”. Esa es la primera acepción que muestra y con la que ejecutaré mi diatriba. En la ciencia se utiliza también en otro contexto y allí, con todo respeto evitaré meterme en broncas.

Así, pues cambiar el paradigma, como se propone constantemente y a partir de como los académicos de la lengua la tasan, me resulta no menos que una aberración. ¿Para qué queremos hacer otra cosa si a lo que nos estamos refiriendo es ejemplar?

Se está utilizando paradigma como sinónimo de “modelo” y no, no lo es.

Así, he oído cómo sesudamente nos piden que apoyemos para cambiar el paradigma en la micro y la macroeconomía, en las relaciones con nuestro vecino del Norte, con la industria petrolera, incluso en nuestra forma de comportarnos como sociedad. Paradigmas van y paradigmas vienen, y en el fondo, todo se resiste a ser cambiado.

De lo único que me quedo en las frases dichas con total seriedad, es con la palabra cambiar.

Estamos sumergidos en una nueva búsqueda de modernidad que no se veía en este país desde los años cincuenta. Y buscando nuevos modelos para transformar a nuestra jacarandosa, sincrética y paradigmática nación (que pese a todo y en casos ejemplares lo es), cada vez nos estamos yendo más lejos.

Si hablamos de fomento a la lectura, queremos ser finlandeses. Para el tema petrolero, lo noruego viene mucho esta temporada primavera-verano. El sistema económico islandés nos parece chidísimo.

¿No deberíamos buscar en nuestra historia los ejemplares ejemplos que nos han dado durante su transcurso el verdadero modelo a seguir y adaptarlos a los nuevos tiempos?

Ejemplos nos sobran. Allí tenemos la entrega, el valor, el compromiso de los independentistas. La honradez sin tacha, el sentido patriótico, la brillantez e inteligencia de los héroes de la Reforma. La visión, el sentido justiciero, la búsqueda de identidad y de igualdad de algunos de los que hicieron la revolución. La bravura de obreros, médicos, estudiantes, ferrocarrileros que quisieron hacer un mejor país que el que tenemos.

No deberíamos querer ser más que nosotros mismos, con nuestras raras virtudes y enormes defectos.

Allí están los paradigmas.

¿De verdad los queremos cambiar?

Lo otro, no es más que vil retórica.

Escuché a un par de niños diciendo la palabreja. Les propuse cambiárselas por un par de paletas heladas de limón y aceptaron gustosos.

Me juraron no volverla a usar.

Este no es más que un exabrupto de esos que me dan los miércoles por la mañana.

¡Estoy que me lleva el paradigma!

Los abrazo.
 

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