Héctor Robles Peiro, joven presidente municipal de Zapopan, era un político relativamente poco conocido en Jalisco, y sin embargo una terrible y desafortunada declaración lo ha convertido en noticia incluso nacional. Y no era para menos. El lunes 13 de mayo, al hablar del operativo antipandillas que la Policía municipal de Zapopan aplica cada día, declaró lo siguiente: “Vamos a seguir apostándoles a la reconstrucción del tejido social, a la transformación de los jóvenes […] Yo les puedo decir que los operativos antipandillas, todos las noches agarramos a macanazos a más de 70 jóvenes. Y esos más de 70 jóvenes, a lo mejor dos o tres tienen órdenes de aprehensión, a lo mejor uno, dos o 10 tienen droga en su poder y son consignados. Pero los otros 60 son soltados, porque son faltas administrativas, y van a seguir generando problemas de vandalismos…”. La afirmación de que a los jóvenes que se agrupan en pandillas en Zapopan se les combate a macanazos, se convirtió en un tema de debate estatal y probablemente nacional. Si bien el alcalde de Zapopan trató de corregir su declaración en los días posteriores, de poco ha servido, pues la frase “agarramos a macanazos” es no sólo de antología, sino que refleja muy bien la postura de la Policía y el Gobierno zapopano, sino también la mentalidad con la que la clase política ve a los jóvenes en Jalisco y en el país. Los jóvenes no son sujetos de derechos a quienes hay que respetar; en los jóvenes de México se aplica un principio de la justicia al revés: son culpables a menos que demuestren su inocencia. Las cifras que ofrece el propio alcalde zapopano son de terror: admite que cada noche se detiene a unos 70 jóvenes (a macanazos o sin macanazos), eso implica que al año se detiene a más de 25 mil 500 jóvenes. A 95%, de acuerdo con la misma declaración del presidente municipal de Zapopan, se les suelta de inmediato, pues apenas cometen una falta administrativa, y apenas “uno, dos o 10 tienen drogas”, y se les consigna. Las cifras que ofrece el alcalde de Zapopan se refiere a las detenciones que se registran oficialmente, pero todo mundo sabemos que hay una cifra negra de detenciones cotidianas de jóvenes por parte de las policías municipales de todo el país. Se puede afirmar, sin exagerar, que al menos otro número igual de jóvenes son detenidos, esculcados y posiblemente extorsionados por los policías. Se les deja ir luego de dar dinero. La mayor parte de esas detenciones ocurre por un delito que no existe en ningún código, pero no por ello menos real: el delito de portación de cara. De modo que el intento que hace el alcalde zapopano de corregir su declaración no basta, pues no se trata sólo de una palabra terriblemente escogida, sino de una política cotidiana y permanente en contra de los jóvenes que los ve como problemas a los que hay que macanear, extorsionar o eliminar del entorno urbano. Es esa política la que debe corregirse, no una simple palabra.