Jueves, 09 de Octubre 2025

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Los delfines se caen

Por: Ivabelle Arroyo

Los delfines se caen

Los delfines se caen

Hay un fenómeno político que se está manifestando cada vez con más fuerza en muchos estados de la República y en la propia vida política nacional: los delfines se caen. No es un fenómeno nuevo, le pasó a Vicente Fox, le ocurrió a Carlos Salinas, le pasó a Francisco Ramírez Acuña. Pero lo que llama la atención es que ahora parece ser un fenómeno generalizado.
 
¿De qué rayos está hablando?, se preguntarán algunos. ¿Cuáles delfines? ¿Se le cayó un mamífero marino a Fox? No. El término delfín es coloquial en el ámbito político y tiene ya larga historia en el mundo. Del siglo 14 al 19 se le llamó así al hijo legítimo del rey de Francia, pero no sólo en los pasillos de Versalles: era tal cual un título nobiliario que llevaba solamente el heredero al trono.
 
Ahora el término es común y se emplea para referirse a los candidatos predilectos de los gobernantes en turno, es decir, a sus consentidos para sucederlos en el cargo.
 
En la época en que el PRI era, además de un partido, un sistema político, el nombre del delfín se mantenía en secreto hasta el último momento, y dado el carácter vertical del sistema, en cuanto se “destapaba” ya todo era miel sobre hojuelas: había que registrase, hacer como que se hacía campaña, hacer como que se ganaba una elección y sentarse en la silla.
 
Hoy las cosas son muy distintas. Los delfines ya son evidentes en prácticamente todos los espacios de gobierno. Calderón tiene a Cordero. Emilio González tiene a Fernando Guzmán. Marcelo Ebrard tiene a Mario Delgado. Y en cada uno de los municipios del país y delegaciones del Distrito Federal, los gobernantes en turno tratan de jugar un papel activo en la sucesión. Sin embargo, los delfines se les caen. Cordero no es el favorito. Fernando Guzmán es rebasado por Alfonso Petersen. Mario Delgado, el secretario de Educación del DF, es el candidato con menos puntos en las encuestas. No cae más bajo porque está el piso.
 
Ese fenómeno, que tanto molesta a los alcaldes y a los gobernadores y al propio Presidente, es una clara evidencia de que la democracia en México está en otra etapa de madurez. Ya pasó el país por la etapa de la defensa del voto. Ya pasó por la etapa de la competencia real. Ya pasó por la alternancia. Ya pasó por la etapa del control mediático. Tienen agujeros, es verdad, pero como elementos definitorios de etapas históricas, esos momentos ya pasaron. Y hoy, con la constante caída de delfines, lo que está claro es que la competencia ya llegó a un alto nivel de complejidad. No es que los gobernantes hayan cambiado y se porten bien. No. Lo que ha pasado es que la vida interna de los partidos es tan vigorosa, que a los gobernantes ya no les alcanza el aparato público ya no digamos para ganar una elección. No alcanza ni para imponerse dentro de su partido.

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