Ideas | Lo que el S-11 se llevó Por: Diego Petersen 12 de septiembre de 2011 - 02:00 hs Lo que el S-11 se llevó Cuando vimos en vivo y en directo entrar el segundo avión en la segunda de las Torres Gemelas sabíamos que algo había cambiado para siempre. La conciencia de que no se trataba de un accidente venía acompañada de una incertidumbre absoluta. Ese día, querámoslo o no, la vida nos cambió. No sólo cambió la política, también nos hizo a todos más vulnerables y más temerosos; nos hizo más malos y más torpes para elegir presidente: no sólo a nosotros, pues el voto del miedo se impuso de tal manera en todo el mundo que los gringos reeligieron a Bush, los colombianos a Uribe y si no se cruza el bombazo de Atocha los españoles habrían reelecto a Aznar. Pero en medio de las flamas que consumían y derruían las torres también se desmoronó la confianza, y con ella crecieron los absurdos cotidianos en Estados Unidos y en el mundo. Hoy tener pelo chino, ceja grande y color aceitunoso, parecer árabe o lo que los gringos consideran árabe, es el peor pecado del mundo. El problema es que no somos pocos los mexicanos que tenemos alguna de esas tres características, lo que nos hace sospechosos a todos y sospechosísimos a los que reúnen dos de las tres. ¿De qué somos sospechosos? De encajar en el genotipo de la paranoia del vecino del Norte. Viajar en avión nunca volvió a ser igual. Hoy todos sospechamos de todos. Cualquiera de los que vimos en la fila, en la sala de espera o entrar al avión es un terrorista en potencia. Nadie lo dice en voz alta, pero todos sospechamos de todos, y encima murmuramos: “Oye, ese güey que anda solo se ve muy raro”; “¿Qué hace ese tipo con cara de pakistaní en un vuelo Guadalajara-Monterrey?”; “Con la peineta de la señora del chongote alguien entrenado podría perfectamente secuestrar el avión; el peinado es la coartada perfecta”; “En los tenisotes de ese niño caben como dos kilos de explosivo, fácil”; “¿Ya viste a ésa del vestido negro? De que son postizas, son postizas, pero ¿no traerá algo adentro además de silicón?”. El colmo, hoy hasta la exuberancia es sospechosa. La lógica paranoica se impuso, pues, sobre el sentido común. Hoy se le teme más a los líquidos que a las pistolas porque, metidos en el mundo de las infinitas posibilidades que abre la paranoia, cualquier persona entrenada o con conexión a internet puede hacer un bomba, así que todo lo que sea pastoso, cremoso, acuoso, gelatinoso o lo que sea cuya textura termine en oso, es un peligro latente: el shampoo, el tequila, la crema de rasurar, la pasta de dientes, al desodorante, el gel para el pelo, acondicionador, agua de rosas, vino, etcétera. Todo lo que limpie o clame la sed es sospechoso. Lo que el S-11 se llevó fue la confianza. Por 10 años todos hemos vivido como sospechosos de todo y eso no tiene trazas de cambiar. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones