Jueves, 23 de Mayo 2024

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Lee Kuan Yew

Por: El Informador

Por César de Anda

Uno más de los ejemplos vivientes de liderazgo contundente, pragmático y transformador. Uno más de los jóvenes que se hicieron viejos y viejos que se hicieron jóvenes, con la misma misión que asumió desde 1965 cuando fue artífice clave de la separación de su país de Malasia.

Al cumplir 91 años y ya en el retiro, Lee Kuan Yew, el padre de Singapur, es también considerado uno de los más brillantes y efectivos líderes mundiales. Controvertido como los grandes, criticado como todos los transformadores, admirado como los hombres de visión universal.

Encabezó una nueva visión de cohesión social y la aventura de integrar a una ciudad Estado a la era de la globalización, partiendo de una plataforma muy modesta y carente de recursos naturales, empezando por el agua. Vital líquido que tenía que ser traído del país vecino.

Malasia siempre pensó que lo “tenía en un puño” y a su merced; sin embargo, lo que logró con esas fuertes presiones y chantajes fue que Singapur se abriera a la inversión extranjera, logrando ser uno de los destinos más atractivos para el capital por más de cuatro décadas. Lee Kuan Yew había estudiado en las prestigiadas universidades de Cambridge y London School of Economics, de tal manera que sus lazos con la comunidad británica eran sólidos y de confianza, y lo demostró en un influjo constante de recursos convertidos en infraestructura y educación. Grandes temas indispensables para transformar a una nación. Infraestructura, para conectarse al resto del mundo y vincular internamente a la fuerza económica y social. Educación, para motivar al ciudadano a lograr un mejor entendimiento de la vida misma. Singapur lo logró. Y además, por esa liga fuerte con el Reino Unido, implementó el sistema legal inglés, para convertirse al paso de los años en uno de los más eficientes y con menos corrupción en el mundo.

Obviamente se requería mano dura.

El régimen fue siempre criticado por su represión a la libertad de expresión y su enérgico rechazo a las manifestaciones públicas, muestra de un autoritarismo casi a ultranza. Muchos podemos no estar de acuerdo, pero le funcionó. Sin embargo, la principal tesis de su éxito no era la fuerza bruta, sino el progreso. En alguna ocasión comentó: “El desarrollo económico es la inoculación más efectiva contra la subversión”.

Al igual que Nelson Mandela en Sudáfrica, estos personajes de excepción definieron un rumbo de nación y trazaron un derrotero. Cada uno con su estilo, pero asumieron ambos un liderazgo fuerte y comprometido con el interés colectivo.

El turbulento escritor y director de cine Woody Allen, con su más pura y simplista forma de expresar el sentido común, dijo: “No tengo la clave del éxito, pero sí la del fracaso y ésa es querer darle gusto a todos”. Conviene aplicar esa máxima en la vida propia.

México llora por la escasez de líderes. Líderes de verdad, que se atrevan a ser controvertidos, criticados, calumniados, atacados. Líderes que ejercen sin título, pero que asumen la vanguardia del pelotón, con el objetivo firme del interés público. Otra de las grandes apuestas de México: encontrar a sus verdaderos líderes.

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