Jueves, 09 de Octubre 2025

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Las cuadritas de Fray Antonio Alcalde y el ingeniero Guillermo Martínez Güitrón

Por: Juan Palomar

Las cuadritas de Fray Antonio Alcalde y el ingeniero Guillermo Martínez Güitrón

Las cuadritas de Fray Antonio Alcalde y el ingeniero Guillermo Martínez Güitrón

Hace unos pocos días se cumplieron 315 años del nacimiento en Cigala, Castilla, de Fray Antonio Alcalde y Barriga (1701-1792). Es, sin duda, uno de los personajes fundamentales de Guadalajara. Llegó a esta ciudad, para ser su obispo, en 1771, habiendo cumplido ya su séptima década de vida. Durante los siguientes 21 años desplegó una actividad absolutamente inusitada, y gracias a su visión y su energía hizo realidad una serie de instituciones y obras que marcaron para siempre la cara de la ciudad, de la región entera.

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El Hospital de San Miguel de Belén, en primer lugar, comenzado en 1787 (sobre un extraordinario plano de 1760) y terminado en 1794. De entonces a la fecha ha funcionado ininterrumpidamente dando un inapreciable cobijo, cuidado y curación a centenares y centenares de miles de habitantes de un amplísimo ámbito geográfico, cumpliendo con creces la misión inscrita por Alcalde en la fachada del hospital: A la humanidad doliente.

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Con el mismo don del verdadero visionario, dotó al Hospital de un conjunto de 158 viviendas repartidas en múltiples conjuntos y que fueron llamadas Las Cuadritas. De esta manera, con rentas muy moderadas, logró un triple propósito: asegurar o ayudar al sostenimiento de la magna obra del Hospital, dotar a las clases necesitadas de vivienda digna, y ordenar el crecimiento urbano del Nororiente de la mancha urbana. No se detuvo allí su labor fundacional: instituyó dos escuelas, una por el rumbo del Colegio de San Juan, y otra que fue el Beaterio de Santa Clara; este último fue años después “requisado” y convertido en el Hospital Militar, y ya pasada la mitad del siglo pasado, demolido lastimosamente para dar paso al lamentable “Palacio Federal”.

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Inició la construcción del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en 1777, terminándolo en 1881. Por si poco fuera, fundó la Universidad de Guadalajara, segunda del país, en 1791. Un año después, murió Fray Antonio Alcalde, benefactor insigne, hombre de excepcionales virtudes, modelo de santidad en la acción y el recogimiento.

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Volviendo a Las Cuadritas, sobre las que por cierto hace falta un estudio histórico y arquitectónico a profundidad, es útil mencionar que las 158 viviendas se ubicaron en un polígono comprendido entre la calle Juan Álvarez al sur, la del Retoño al norte, Belén hacia el oriente y la actual Pedro Loza hacia el poniente. No solamente fue el primer desarrollo de vivienda social del Occidente de México (posiblemente de todo el país), sino que las casas, dispuestas en apropiados conjuntos vecinales, dieron amparo a las clases populares y al mismo tiempo colaboraron a sostener racionalmente una vital obra social, como es la del Hospital de Belén.

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Con el tiempo, la codicia, la corrupción y la tontería acabaron con Las Cuadritas. A principios de los años noventa del pasado siglo subsistía, muy modificado, apenas un ejemplar, una reliquia del gran conjunto, en manos de particulares. Por esos años fue instituido el Patronato del Centro Histórico de Guadalajara, cuyo presidente fundador fue el ingeniero Guillermo Martínez Güitrón.

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Con ejemplar celo, este destacado profesional se abocó, entre otras cosas, a rescatar esa última de Las Cuadritas. A rescatar no simplemente una edificación patrimonial sino una de las claves genéticas de lo mejor que esta ciudad ha producido en toda su trayectoria. Y lo logró: consiguió los fondos necesarios, reconstruyó de manera sencilla y lógica (como buen ingeniero) la inapreciable finca y la destinó a un fin no solamente muy noble, sino directamente ligado a la histórica obra de Fray Antonio Alcalde: un albergue para los acompañantes de pacientes de escasos recursos del Hospital.

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Es de elemental justicia seguir reconociendo a un esencial forjador de Guadalajara: el Obispo Alcalde. Y también lo es destacar y rendir homenaje a quienes, como el ingeniero Martínez Güitrón, han sabido, a través de los siglos, continuar su ejemplo. Don Guillermo, con su reconocida bonhomía, solía subrayar la ingente labor que Fray Antonio había cumplido en su edad ya avanzada. Pero predicaba con el ejemplo. Él también fue capaz de dejar, siguiendo la huella del Obispo, una gran lección de energía y lucidez en sus años de madurez: el también benemérito Albergue Fray Antonio Alcalde, inscrito en un esfuerzo centenario y cotidianamente en funciones. Razones para creer en Guadalajara, en su mejor futuro. Y para agradecer.

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