Martes, 28 de Mayo 2024
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La política en manos de caprichos personales

Por: Guillermo Dellamary

La política en manos de caprichos personales

La política en manos de caprichos personales

Deben ser las instituciones las que gobiernen para servir al bienestar del pueblo.

Pero resulta que en México hay una vieja tradición heredada desde la monarquía española y matizada por un rancio virreinato, lo que ha permitido y fomentado que tengamos tendencia a centralizar el poder en pocas manos y a rendirle culto a la persona como si fuera un todo poderoso en turno.

Muchos llegan a tener poder sin la preparación adecuada y muy pronto muestran su incapacidad para saber qué hacer con él. Lo peor del caso es que de inmediato se engolosinan y se les suben los humos a la cabeza y fácilmente se tropiezan con el engreimiento, la altivez y la soberbia.

Todavía se cree que para ser político basta tener aptitudes de buen administrador y gozar de algo de liderazgo para que se sientan con la capacidad de ejercerlo. Pero resulta que lo único que acaba por suceder es que les llega a encantar que los alaben y los pongan por las nubes de todo cuanto deciden hacer. Y cuidado quien los confronte y les haga ver sus contradicciones y errores, porque serán vistos como enemigos.

Las cosas se agravan cuando llegan al poder como escaladores, saltándose la etapa de la cultura y la educación. Pues además de todo ejercen el poder en la ignorancia y el capricho personal.

El poder los emborracha y les gusta disfrutar de todos los privilegios que se pueden acompañar: buenas comidas, acceso a muchas personalidades, eventos de renombre y prestigio internacional, lujos y excéntricas colecciones de cuanta cosa se les antoje. Y claro, sobre todo, mandar y hacer lo que se les venga en gana, teniendo un séquito de servidumbre a su plena disposición.

Eso sí, al pueblo hay que darle demagogia y atole con el dedo para que se convenzan de que sí están gobernando. Una que otra obra y eventos festivos para que se hable bien de su ejercicio público. Pero el bien social y el desarrollo económico y  productivo es un asunto que se tiene que enfrentar aunque no se entienda mucho de ello.

Para este tipo de políticos el poder es para ejercerse haciendo lo que quieren y creen conveniente, por eso lo acaban personalizando todo. Porque es a su entera media y voluntad.

Quieren ser mejores que los anteriores y muchos hasta quieren borrar todo lo realizado para que no los comparen y se vaya a devaluar su gestión.

El drama de la política personalista impide el desarrollo de las instituciones y, sobre todo, afecta la verdadera tarea que es servir al pueblo, pues los muy egoístas usan el poder para servirse del pueblo.

Necesitamos urgentemente darle mayor seriedad a la carrera de un político. La credibilidad está por los suelos. Se necesitan personas mejor preparadas y mucho más cultas y sensibles a los quehaceres de un verdadero y auténtico político, que es y será siempre el bienestar de todos, especialmente el erradicar las injusticias y la pobreza.

Muchos llegan a tener poder sin la preparación adecuada y muy pronto muestran su incapacidad para saber qué hacer
 

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