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Lunes, 20 de Noviembre 2017

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'La mujer que bailó con el diablo'

'La mujer que bailó con el diablo'

'La mujer que bailó con el diablo'

Chesterton, ese gran gordo, en sus consideraciones sobre el chamuco estableció que “Después de todo puedo vencer al diablo porque soy más que él. Soy un hombre y puedo hacer algo que le es imposible a Satanás: morir”. Eso sin importar que el chamuco esté de momento un poco devaluado; sí, tuvo el diablo épocas en que estaba mejor valuado, ahora se ha desmerecido tanto que los gringos al diablo le dicen devil, cuando muchos han pensado que es fuertísimo.

En su momento Satanás se consideraba con la una fuerza casi como Dios y aunque en los encuentros que narran los libros sagrados siempre sale derrotado, cuando menos siempre le topa, como si esperara algún día vencerlo; tomen en cuenta que el libro sagrado de la cristiandad narra de encuentros con diablos específicos, con nombre propio, que a mí me gusta más verlos reflejados en el Paraíso perdido de John Milton en que la narración e incluso descripción de los chamucos específicos me parece superior.

El algunas filosofías y religiones creen en la reencarnación, que en términos muy generales consiste en que, muchas veces relacionado con tu vida actual, volverás a nacer en otra criatura diferente, lo que es una especie de renovación corpórea de la vida anterior de la que no sé si se tenga recuerdo o experiencia, pero crea usted o no en este fenómeno, no podemos negar que es un tema muy interesante de tratar alrededor del concepto de la muerte.

Lo peor sería que pasara algo parecido a cuando un gordo enflaca (con lo horrible y sacrificadas) que son las dietas y el sufriente cree que cuando termine de adelgazar -si lo logra- quedará como súper héroe  cuando en realidad queda uno como toro cebú, con toda la pellejera suelta.

Recuerdo en mi primera infancia, en la que lo diabólico tenía gran importancia, un sujeto que traía, anticipándose a la época de los zapatos de plataforma, un zapato de una mujer que había bailado con el diablo y por diez centavos contaba a los contratantes del servicio una historia que más o menos era así: Una chica había conocido a un tipo guapísimo que la había invitado a un baile. Ella pidió permiso, como se usaba, a sus padres, quienes al no conocer al sujeto ni tener referencias de él no la dejaron ir, a pesar de lo cual, la muchacha, que debió haber sido muy necia, desobedeció a sus padres y se fue al bailongo con el sujeto.

No se supo ni se contó lo que en dicha pachanga sucedió, pero la dama volvió a su casa toda chamagosa y sin una chancla, por lo que los padres después de reprenderla le exigieron narrara lo sucedido. Ella, llorosa, les contó lo contable del episodio y como el galán que era nada menos que el propio Lucifer, la había llevado a una lujosa residencia donde se celebró un baile que no podía describir.

Los padres, defensores de la honra de la hija, decidieron ir a la casa donde se suponía vivía la familia del sujeto para que éste como hombre respondiera de sus actos. Hasta allá se dirigieron y cuál no sería la sorpresa cuando llegaron a una casa derruida que al parecer se había quemado hacía muchos años y donde tan solo quedaba el zapato perdido  -que el rapsoda nos lo mostraba-, única prueba de esa satánica aventura.

 

@carlosmorsa

 

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