La semana que acaba de concluir, quedará marcada en la trayectoria del deporte mundial, por lo sucedido, allá en Boston, Mass, ciudad hermosa por su carácter tradicional europeo, y por su alto status cultural.Sin embargo, este status se vio quebrantado por un atentado terrorista. –“la política de la nada”-, sin pies ni cabeza, que puso en entredicho a un evento deportivo –el deporte une y subyuga a la humanidad-, que por su sentido absurdo, causó un llamado de atención a la sociedad mundial, pero con una propuesta oportuna y atinado, de cohesión y solidaridad, pues ese atentado descabellado no será motivo para que la comunidad mundial, renuncie a sus libertades, ni mucho menos paralizará sin remedio a la población.Desde este punto de vista, la maratón finca sus orígenes específicamente en las luchas por la libertad, y además está auroleada por una leyenda plana de heroísmo en donde un pueblo –el griego- lucha y derrota al enemigo opresor que trata de aniquilarlo y someterlo al yugo de la dependencia de un pueblo asiático –el de los medos- que por ese entonces trataba a toda costa someter a Europa, específicamente a los griegos.La maratón es, pues, una aportación del espíritu olímpico moderno. Se empezó a disputar en los primeros juegos de Atenas de 1896 –el triunfador fue un agente de policía griego, Spiridion Louis-, a propuesta del historiador Michel Breal como homenaje a Filípides. El soldado ateniense que participó en la batalla del Maratón, primera derrota persa en las guerras médicas, y fue el encargado de llevar la noticia a sus compatriotas.Para ello recorrió los 48 kilómetros entre la explanada de Maratón –lugar ubicado en el Ática- y Atenas. Al llegar al ágora, exclamó, “Hemos vencido”. Acto seguido cayó muerto, extenuado por el esfuerzo.Ciertamente fue una hazaña dramática, pero resulta que tales hechos consignados en un principio por Heródoto, han sido alterados. Este señaló que Filípides recorrió 225 kms. en dos días para pedir ayuda a Esparta.El otro episodio al que recurrió la leyenda fue la marcha que emprendió el ejército ateniense precisamente tras la batalla del Maratón (490 A.C.). Con el tiempo, la imaginación popular combinó ambos hechos y originó, en efecto, un hermoso mito, que quedó manifestado en la realización de esa justa, tanto en los Juegos Olímpicos, como en competencias ya tradicionales en diversas ciudades del mundo, como es el caso de Boston y Londres, principalmente.Cabe añadir que la popularidad de la historia aumentó cuando fue dada a conocer por el historiador Plutarco. La distancia definitiva de la carrera de la maratón -42.195 kms –se instauró para los juegos de Londres de 1908. Y no fue por hechos tradicionales, sino porque era la distancia que separaba el palacio de Windsor del estadio de White City, los puntos de salida y llegada de aquella carrera.Fe de erratas: Por un error involuntario en la columna anterior de Manuel López de la Parra, titulada Primero de abril: “Día Mundial de la Educación”, se dio crédito a Mario Berruti.