Conozco al menos a dos generaciones de mexicanos que han depositado su esperanza en cambiar el estado de cosas injusto y desigual que priva en México. Pero en 24 años los dueños del poder se han confabulado tres veces para impedir la llegada de un candidato que dice querer un cambio en sentido popular. Todo indica que los dueños del poder político y económico ya votaron e impondrán a Enrique Peña Nieto. Cientos de miles de mexicanos sienten rabia e impotencia por otra imposición. Por eso hay irritación que se expresa en las potentes movilizaciones en contra de la imposición. Todo indica que a pesar de las denuncias legales de los partidos, el plan del Movimiento Progresista y del plan de movilizaciones de quienes luchan en contra de la imposición, las autoridades ratificarán el triunfo legal del priista Peña Nieto. Ante este escenario plantean dos alternativas: volver a esperarse a otra elección o hacer algo inmediato. No es casual que uno de los lemas que más aparecen en las manifestaciones de #YoSoy132 sea: “Si hay imposición, habrá revolución”. La primera salida sería un suicidio político para miles de jóvenes y mexicanos que quieren un cambio de fondo en este país. Sería un suicidio esperar tres o seis años para organizarse en torno a un candidato o jefe político para ver si ahora si gana la elección. Es lo que está haciendo Enrique Alfaro en Jalisco y es lo que hacen quien desde ahora apuestan a la candidatura de Marcelo Ebrard. Está claro ya que los Chuchos y otros arribistas de la política ya dejaron solo al “Peje” en su lucha poselectoral y se están concentrando en manejar y disfrutar las migajas del poder que recogieron. La otra opción debe discutirse seriamente. ¿Si hay imposición habrá revolución? Si por revolución se entiende intensificación del antagonismo social y de las resistencias frente a la dominación, el despojo y la represión, está claro que ya ocurren en el país, como en otras partes del mundo. Pero si se piensa en una revolución con vanguardias armadas, es un riesgo que aventura una respuesta violenta y represiva del Estado. Otra cosa es la autodefensa de los pueblos y comunidades, al estilo de los zapatistas en Chiapas, las rondas comunitarias de Cherán y la Policía Comunitaria de Guerrero. Lo más importante es reconocer que la esperanza no puede ser sexenal. La esperanza no puede ser depositada en partidos o dirigentes que organizan los tiempos de la gente, las rabias y las esperanzas en función del calendario electoral. Es el calendario de los de arriba, no de los de abajo. La esperanza ya está aquí, las posibilidades de ir cambiando las cosas se construyen día a día, resistiendo, con esas grietas que se abren al sistema de dominación, con las iniciativas autónomas de las personas, los barrios, los colectivos, las cooperativas, la resistencia cotidiana frente al despojo y la represión y con proyectos propios que van construyendo otras relaciones sociales, aquí y ahora. No podemos esperarnos a 2018 para cambiar este país.