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Miércoles, 16 de Enero 2019

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La encrucijada de Chrysler México

Por: Sergio Oliveira

La encrucijada de Chrysler México

La encrucijada de Chrysler México

Durante la primer década del nuevo milenio, Chrysler México tuvo un fuerte aliado: Hyundai. Desde que comenzó a vender el Atos, con el aún curioso sobrenombre “by Dodge”, la necesidad de ofrecer productos en la base de la pirámide fue suplida por los productos coreanos, que con el arribo del Verna, luego rebautizado como Attitude y de la H100 en van y pickup, llegaron a representar más de 25% de sus ventas totales en el país. Sin embargo, Hyundai hoy opera por su propia cuenta, lo que ha bajado la participación de mercado de Chrysler tanto, que Toyota ya le pisa los talones. Lo peor de todo es que las alternativas no parecen ser buenas lo suficiente para revertir la situación.


La marca más natural para que Chrysler México pusiera en el lugar de los ahora competidores Hyundai, pareciera ser Fiat. Desde 2009, cuando la marca estadounidense fue forzada a acudir al capítulo 11 del Código de Bancarrota de Estados Unidos, la italiana Fiat es la que la administra. Y si hay algo en lo que Fiat es especialista, es justo en los autos compactos que necesita Chrysler México. Pero, la situación no es tan simple.


La producción masiva de los Fiat se da en dos países: Italia y Brasil. Sí, hay plantas en otros lugares, como Polonia, Hungría o China. Incluso en México. Ninguna de ellas, sin embargo, tiene el producto que los mexicanos necesitan al precio que pueden pagar. Los productos brasileños, que en muchos aspectos encajan en las necesidades mexicanas, aún son caros para importar y vender en este país a precios competitivos. Con los productos italianos ocurre lo mismo, pero es aún más grave con el euro a 18 pesos.


El Fiat Uno podría ser una buena opción para el lugar que en algún momento fue ocupado por el i10. Pero con un precio de 160 mil pesos, sólo compite con las versiones más equipadas del nuevo Grand i10. Y Brasil ya no produce autos sin ABS o bolsas de aire, que pudieran bajar el costo del Uno para los mexicanos. El Panda italiano sería aún más costoso.

Oriente, de nuevo


La solución que Chrysler encontró fue la de buscar en otra oriental: Mitsubishi. Desde Japón llegarán los nuevos Mirage, un hatchback subcompacto con motor de 3 cilindros y su versión sedán, llamada Attrage en otros mercados y que será vendido como Attitude en México.


En el vecino Estados Unidos, el Mirage ha tenido una muy mala recepción de parte del público y de los medios de comunicación especializados. Pero esto no significa que aquí esto tenga que ser igual. Los medios estadounidenses critican al Nissan Versa y para México es un producto que encaja como guante. Aunque no es difícil imaginar que el Mirage y el “nuevo” Attitude, con motores chicos, tengan problemas para enfrentar la altitud de muchas de las ciudades mexicanas, más que nada su capital, ubicada a 2,200 metros sobre el nivel medio del mar, lo que ya le quita de entrada cerca de 22% de su no muy sobrada potencia. Ya lo conduciremos para saberlo. Pero, claro, el precio, será factor fundamental, mucho más que su desempeño.
Imaginando que la estrategia funcione, que la participación de mercado de Chrysler en el país vuelva a subir o al menos ya no caiga; pensando que los distribuidores vuelvan a tener el tráfico de piso y de taller que disfrutaban en la época de Hyundai, el Grupo Chrysler en México sólo estará ganando —a lo mucho— algo de tiempo. Porque al igual que lo que pasó con los coreanos, si Mitsubishi llegara a los niveles a los que llegó Hyundai, también se haría independiente y pasaría a vender por su propia cuenta.


A Chrysler de México le hace falta productos como los Fiat Albea o Línea, pero vendidos a precios competitivos, lo que es complicado conseguir con la importación de Brasil, aunque tal vez el Línea pudiera venir de India. Para lograr uno o dos productos en este segmento, habría que producir localmente y esto implica necesariamente encontrar algún mercado de alto volumen hacia donde exportarlo, como Estados Unidos, por supuesto. Como esto no debe ocurrir en el corto o mediano plazo, la tarea que tiene sobre su mesa el Presidente de Chrysler México, Bruno Cattori, no es nada sencilla, me queda claro. Sin embargo, me sigue pareciendo más lógico buscar la solución en casa, es decir, en Fiat, que en una nueva dependencia de un socio externo, como Mitsubishi. Pero al poner en el mercado mexicano a la nueva Fiat Strada de tres puertas con logotipo de Ram, me queda la sensación de que no es exactamente fortalecer la marca Fiat lo que se piensa en Chrysler de México que, me parece, sigue entre la espada y la pared.

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