Jueves, 09 de Octubre 2025

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La codicia, madre de la corrupción

Por: Luis Jorge Cárdenas Díaz

La codicia, madre de la corrupción

La codicia, madre de la corrupción

“La riqueza material es como el agua salada, cuanto más se bebe, más sed da” (Schopenhauer). La doctrina capitalista, enriquecida con el neoliberalismo, es el resultado de la evolución de la Humanidad, que nos condiciona para convertirnos en personas competitivas, ambiciosas y corruptas. La duda es si el capitalismo salvaje nos está condicionando o somos nosotros los que hemos creado este sistema económico a nuestra imagen y semejanza. Es el mismo enigma de qué fue primero, el huevo o la gallina. En este caso particular, creo que la gallina somos nosotros y estamos poniendo huevos, que siempre hay quien se queda con ellos y nos obliga a seguirlos poniendo. Convirtiendo a la realidad esta alegoría, los huevos serían la moneda circulante, el sistema monetario sobre el que se desarrolla nuestra existencia. Sin profundizar en cuestiones filosóficas, nuestro paso por este mundo nos conmina a buscar la felicidad, que ante nuestra incapacidad para encontrarla, nos vuelve codiciosos; vemos la vida como un negocio en el que nadie gana y al final todos salimos perdiendo si no nos despojamos de la codicia. Etimológicamente la codicia procede del latín “cupiditas”, deseo, pasión y sus sinónimos: avaricia, ambición, avidez, ansia, mezquindad, ruindad. La codicia es el afán por desear más de lo que se tiene; el deseo de  conseguir más, la pasión y la euforia que producen las ganancias; el ansia y la avidez por la acumulación de la riqueza; la mezquindad y ruindad que obnubila las mentes en su inmenso afán de querer más de lo que se ha conseguido. No importa lo que hagamos por conseguirlo, la codicia nunca se detiene, siempre quiere más. Es insaciable por naturaleza; es un veneno que corroe el corazón, ciega el entendimiento y nos olvidamos de vivir una vida equilibrada, feliz y con sentido. Los grandes fraudes que se han conocido en años recientes; los imperios económicos construidos fueron producto de la codicia, la estafa y la corrupción. Félix Millet, acusado de robar 10 millones de euros. Bernard Madoff, autor del mayor fraude financiero de la historia, cifrado en más de 35 mil millones de euros. La codicia en nuestro país está plagada de historias de fraudes, por medio de las cajas populares, las pirámides, las tandas. La historia se repite una y otra vez, la gran tentación de no tener que esforzarnos; de recibir todo a cambio de nada; de ganar altos intereses, sabiendo que a mayor interés, mayor riesgo. Recientemente en Guadalajara se dio un gran fraude estimado en cerca de 500 millones de dólares, pagando 5% de interés mensual en dólares, con la mecánica de las pirámides, con el dinero de los nuevos inversionistas se pagaban los intereses, hasta que estalló la burbuja. La Procuraduría del Estado intervino y aseguró bienes que cubren parte de lo estafado. La corrupción interviene, no hay consignados. No es la riqueza acumulada la que genera la felicidad, sino nuestra capacidad de disfrutar lo que tenemos y vivir cada día como si fuera el último.

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