Viernes, 31 de Octubre 2025

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La ciudad trasvestida

Por: Juan Palomar

La ciudad trasvestida

La ciudad trasvestida

Parece que a nadie le importa mucho la cara de la ciudad. Lo malo es que es la cara de todos los que aquí vivimos. Cada vez surgen más agresiones, descomposturas, figuretas: se extrañan las voces que protesten desde porque ponen los coches encima de las banquetas hasta porque mutilan o talan los árboles, invaden servidumbres que deberían estar libres de construcción, instalan estramancias en lugar de esculturas urbanas dignas, parchan el camellón de Lafayette de la peor manera, pintarrajean cuanta cosa se pueda de rojo y un largo etcétera. El resultado es que, con Panamericanos o sin ellos, estamos adocenando y degradando a la ciudad que tanto decimos querer (y a veces ni eso decimos). Un ejemplo de punta de esta marea degradante viene siendo la moda de trasvestir edificios completos con anuncios. ¿Qué la autoridad no ha leído ni siquiera el reglamento? De la noche a la mañana aparece un edificio que hasta entonces guardaba una cierta dignidad disfrazado con una botella de cerveza (avenida México y López Mateos), otro con el adolescente que dice “pícale” (Telmex de Vallarta), otro más con un anuncio de refrescos (Unión y López Cotilla, que afortunadamente parece que se cayó), uno más con el aviso del siguiente “evento universitario” (edificio de la UdeG en Tolsa y Juárez). Y súmele. Además de esto, como parte del “ambiente panamericano” se han recubierto las fachadas de varios edificios con motivos deportivos. Se entiende que se busque transmitir al público el ánimo de los próximos juegos (lo que está muy bien), pero no a costa de la imagen urbana y el mal ejemplo que fácilmente se copia para todo tipo de fines comerciales. Se ha insistido desde hace mucho: la imagen de la ciudad vale muchísimo dinero. Que nos pertenece a todos. Cada vez que un particular (o una institución) se apropia indebidamente de ella está usufructuando a la mala lo que no le corresponde. Pero además la imagen urbana vale mucho más que el puro dinero: vale la dignidad de los habitantes. Y ésa, pésele a quien le pesare, no tiene precio. Baste saber con qué seriedad se tratan estos asuntos en lugares civilizados. A ver quién pone un espectacular en Florencia (o en Zacatecas), una propaganda electoral de las nuestras en Sevilla, una “valla publicitaria” en el viejo Boston, un anunciote de cerveza en una de las torres de San Gimignano… Pero no hay que ir tan lejos: por mucho tiempo Guadalajara tenía más orgullo y respeto por sí misma. Hasta por conveniencia turística habría que ser más sensatos. Convertir la ciudad en una versión trasvestida, disfrazada, enmascarada de sí misma degrada y devalúa a toda la comunidad. Por un lado se quitan unos cuantos espectaculares, por otro se permite que sigan los destrozos. ¿Quién les pone alto? jpalomar@informador.com.mx

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