El amor sin tropiezo no existe. Así podría sintetizar esta historia ornamentada por baile y música de una pareja residente en California bajo las luces del escenario. Él, pianista de jazz, interpretado por Ryan Gosllin, y ella aspirante a actriz por Emma Stone. Ambos actores logran su ascenso en el ámbito real de la cinematografía. El muy competido mundo del espectáculo los ha lanzado al primer plano con los personajes de Mia y Sebastian cuyo amor encuentra obstáculos en el arte mismo. Él se desempeña tocando en modesto bar y ella es camarera en la Ciudad de las Estrellas, como se subtitula la cinta.La tierna historia de amor está resuelta por la excelente coreografía con bien merecida nominación al Premio Oscar de la Academia hollywoodense. La originalidad está de manifiesto contraste que rompe con la violencia, el crimen y más inundando la pantalla con influencia en el cinéfilo. En “La La Land” no hay “muro” ni sofisticados efectos innecesarios para exponer su tema. La película narra el sentimiento del amor puro con simultánea escalada, por la sana ambición de figurar en el complejo ambiente del espectáculo dando paso a diferencias, superadas finalmente sin rayar en la cursilería. Este es uno de sus méritos indiscutible, logrado por la Dirección de Demien Chazelle.El deseo de superación es el fondo del sencillo drama, aquí expuesto con el ornato del arte, divertido promotor de la tenacidad, expuesto con relativa intensidad por la pareja de enamorados expuesta a la tentación y simultáneo desamparo a que dan lugar las circunstancias humanas sin villanos ni víctimas.La apertura a la expresión artística deja el sabor agradable que le ha valido el merecido reconocimiento con los galardones correspondientes, principalmente de la taquilla.Dios nos guarde de la discordia.