Hace 143 años y dos días murió en la capital de la República Benito Pablo Juárez García, el pequeño indígena que llegó a ser Presidente de la República Mexicana. Pequeño de estatura, pero grande de espíritu, de sapiencia y de miras, cuyo liderazgo ha dado pie a muchas historias, otras tantas leyendas y una gran cantidad de literatura presentada de diferentes formas, todo lo cual me hace pensar que liderazgos y hombres como Juárez, nos hacen falta.El Palacio Nacional fue su último aposento, desde ahí y desde cualquier rincón del país en que se encontrara durante su largo peregrinar por nuestro territorio nacional, fue dejando semillas que aún hoy en día son apreciadas por millones de mexicanos, porque dan vida, dan esperanza y nos impulsan a ser mejores y dar más a los demás. Ojalá que los jóvenes y las nuevas generaciones se interesen por conocer su identidad –no sólo la de los libros de texto, sino la que va más allá, la que puede despertar la conciencia y servir para imbuirnos de pasión y la garra necesarias que nos lleven a luchar por los mejores ideales y las causas de todos los mexicanos–.En una población de más de 120 millones de mexicanos, es imposible que no existan otros Juárez; otros hombres y/o mujeres con esa grandeza de miras y esa bonhomía y congruencia, para servir a la comunidad. Estoy convencido de que sí hay –más nos vale–, porque de ninguna manera podemos pensar que todos los gobernantes, que todos los políticos, que todos los funcionarios, que todos los empresarios, comerciantes y liderazgos sociales sean corruptos.Pero es necesario que sepamos identificarlos bien, porque no todo el que se dice juarista lo es. Por sus hechos los conoceréis, palabras más palabras menos, consigna la Biblia en la cual los cristianos del planeta tienen cifrada su fe.Ignoro cuántos mexicanos supieron o se dieron cuenta del aniversario de la partida física de don Benito, pero lo importante no es cumplir con fechas simbólicas o actos protocolarios, sino cumplir a diario con el ideal juarista, el que pretende la igualdad y la paz para todos, sin que ello signifique debilidad de parte de las autoridades, ni resignación de la ciudadanía, sino manos a la obra, trabajo, honestidad, eficiencia y eficacia en todo lo que nos proponemos y hacemos.Si los jóvenes de hoy, los servidores públicos y población en general conoce y cumple con los preceptos juaristas, no tendrán que preocuparse por la rendición de cuentas, la transparencia y tantas y tantas diligencias que hoy en día se tienen que cubrir para demostrar que se están haciendo bien las cosas. El exceso de leyes y reglamentos es síntoma de que tenemos mucho por hacer.