Viernes, 10 de Octubre 2025

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Indiferencia o presencia

Por: Carlos Cortés

Indiferencia o presencia

Indiferencia o presencia

La complejidad de la vida actual es incuestionable y en ocasiones disculpa para la participación activa en las tareas comunes a que den orientación a la concurrencia eventual en casos desafortunados reclamantes de solidaridad. Paradójicamente, los medios de comunicación acercan lo lejano y alejan lo cercano. La información fluye de cualquier distancia y reduce el diálogo respecto a lo cotidiano, reducido éste a lamentaciones sin reparar en la edificación de acuerdos para superar obstáculos. Prensa, radio, cine, televisión exponen sus propuestas en disputa por el tiempo y atención que atraen las redes sociales o la misma información a través del ciberespacio, pero generalmente carente de la orientación y menos motivación de fórmulas que den sustento a soluciones efectivas a través de la participación. El ciudadano, el adolescente y el niño esperan la concurrencia de elementos que le acerquen soluciones sin su participación directa. Lo cual relega su capacidad de aportar a la sociedad y, ocasionalmente, restarle. En este sentido, como en la mayoría, el bastión inicial y final es la educación, ahora cada día la más exigente, reclamante, de capacidades ajenas hasta hace pocas décadas. Las cifras son desoladoras en cuanto al interés de la población a participar y despegar por esfuerzo propio alejado de la dádiva oportunista y asistencial como fórmula política. El mundo individualista de la civilización urbana actual es contradictorio con escasos elementos de concurrencia; uno de ellos es la elección de autoridades, que dejaron el mero trámite para acariciar el caro anhelo de la posibilidad democrática. El costo efectivamente es alto y plagado de novedades que aporta la tecnología, sobre todo, en herramientas de comunicación con vías de emisión –ida- y recepción –vuelta- en una interacción de sorprendentes resultados. En la red fluyen pensamientos, ideas y hasta denuestos o disparates, que sólo la depuración particular permite recrear y transferir al plano orientador del pedimento al potencial usuario del gobierno, autoridad y poder, para conversión de proyectos factibles con la participación del ciudadano gobernado. Esto significa: equilibrio conductor de los deberes y los derechos. El ciudadano de a pié no debe esperar la construcción de aquello en lo que no se involucre para realizarlo, puesto que sería su indiferencia. Es imprescindible su presencia desde el análisis de propuestas, la exigencia de cumplimiento y acción para su ejecución. El caso más simple y cercano reside en la familia y su interés en la educación personal con valores; educación que hoy reclama parámetros exigentes para ascender a la capacitación técnica conducente a la productividad y posterior competitividad más allá del espacio doméstico, el internacional. Dios nos guarde de la discordia.

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