Domingo, 14 de Julio 2024

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Hay amores ingratos

Por: Aimeé Muñiz

Sí. Los hay por todas partes. Nos tienen como tontas (o tontos, también los hombres batallan con estos amores ingratos), dándonos y dándonos, y al final resulta que no es suficiente, que quieren más y que ni siquiera son capaces de dar la tercera parte de lo que les damos.

Son unos tiranos. Nos tienen tomadas por el cuello; aprietan y aprietan, y cuando estamos a punto de mandarlos por un tubo, nos dan una caricia tierna y entonces caemos otra vez.

No sé si es idiotez o masoquismo. Tal vez una combinación. Quizá esa sensación de abandono nos viene bien de vez en vez, o el sentir que no nos quieren soltar, porque a veces parece que quieren estar con nosotras todo el día; y entonces no podemos ver a la familia, los amigos, las amigas, y a veces ni siquiera a los hijos. Son amores ingratos y celosos.

Hace una semana Alejandra Tello, impulsora de Promotora Teatral Independiente (PTI), hizo pública —a través de su ya extinta cuenta de Facebook— su ruptura con uno de estos amores ingratos, al que dedicó buena parte de su vida, no sólo como compañera fiel, sino como inversora, porque ese antiguo amor es de esos que además de que no dan, hay que pagarles.

La verdad es que pensé que era una broma. Apenas leí la cadena de respuestas, le mandé un “inbox” preguntando si aquello era verdad. Me lo confirmó así: “Estoy cansada... desgastada física, moral y económicamente”.

Me da tristeza que Alejandra diga adiós al teatro. Claro que la entiendo. Es un amor altamente demandante y difícil de complacer, y vaya que le buscó por varios lados: comenzó haciendo teatro universitario con Miguel Ángel Rangel, en la Univa; primero buscó su suerte sobre el escenario y después detrás de éste, desde la promoción y la investigación.

Aunque mis opiniones y las de ella respecto a ciertos trabajos teatrales eran total, completa y absolutamente opuesta, sinceramente muchos de los trabajos escénicos que promocionaba no me gustaban nada (nadita, nada), creo que es bastante triste saber que se despide de su pasión; seguro tendrá otras y comenzará a luchar por otros propósitos… pero bueno, me apena, me apena.

Tal vez la llegada a los 15 —me refiero al aniversario de Promotora Teatral Independiente— fue el tope que Alejandra se marcó en algún momento de la vida. Y bien, pues ya llegó —lo celebró con la producción de Un tranvía llamado deseo—, y ya.

Ni hablar. Tal vez la veamos de vuelta después, como ha sucedido con muchos otros que se van y regresan, porque este amor ingrato tiene un no sé qué, que qué sé yo.
 

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