Lunes, 13 de Octubre 2025

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Gran Hotel Ancira

Por: Vicente García Remus

La esquina suroeste de Hidalgo y Escobedo de Monterrey, se pavonea de su preciosa edificación, el Gran Hotel Ancira. Recuas de mulas y burros traían diversas mercancías a Monterrey, y se llevaban otras que hacían falta en otros poblados, los responsables de aquel valiosos servicio fueron los alegres andariegos de valles y montes, los arrieros. La caponera, con su inseparable cencerro, anunciaba la llegada de los arrieros, los cuadrúpedos animados por un merecido descanso en los macheros del mesón, donde les aguardaba pienso y fresca agua. Después de descargar, los nobles animales se enfilaban casi solos al mesón acostumbrado, los despojaban de los aparejos: retranca, chavinda, garabato, gorupera, carona, suadero, cabezada, tapojo y bozal. En los albores del siglo XVII, sobre las faldas de la Cuesta de los Muertos, por el sendero a Saltillo, se encontraba el Mesón Diez, de Álvaro Diez de Camuño. Para 1780, por la calle Real, existió el Mesón de San Antonio de Padua, de José Cayetano de la Garza Valdés. En 1854, ya estaba funcionando el Hotel San Carlos, de Miguel Mamy. El Hotel Monterrey abrió sus puertas en marzo de 1857, era del señor Pellorece, y en julio inició el Hotel de Todas las Naciones, y la Posada en la Casa de los Baños. Luego, Antonio Vignau puso en servicio el Hotel Águila de Oro, de donde partía una diligencia Wells Fargo a Matamoros, jalada por cuatro robustas mulas, con capacidad para cuatro pasajeros, tres días se requerían, en las postas se cambiaban de remudas al igual que en los mesones, y también en los paraderos o ventas, donde se pernoctaba. La diligencia llegaba con tiempo para que los viajeros abordaran el vapor a Nueva Orleans. Otras diligencias iban a Saltillo, San Luis Potosí, San Antonio de Béjar y Cadereyta. El Hotel Windsor ocupaba una casona de dos pisos. Antaño se consideraba edificio a una finca de tres pisos, dos de ellas fueron: el Hotel Iturbide, con bizarros balcones, y el Hotel Colonial con frontones en sus vanos, cambio de nombres y propietarios, inició como San Fernando, enseguida, Hidalgo, por su calle, después, Barón, y para 1929, Colonial, y era de José Antonio Muguerza. Del Barrio Antiguo, fuimos a comer al fabuloso Gran Hotel Ancira, después de recorrer parsimoniosamente unas expresivas calles, nos detuvimos a contemplar una hermosa edificación un tanto añeja, estábamos ante el Gran Hotel Ancira, de espectacular entrada en su esquina circular, embellecida por altas y gruesas columnas dóricas, el segundo piso con un arco escarzano animado por laureles en relieve, con un medallón por lado, por barandal una balaustrada con una almena en cada extremo, el tercer y cuarto nivel con elaboradas forjas en sus balcones, y un vano oval por costado, el quinto nivel con balaustres. El remate fue insólito, alto y comprendió toda la esquina, dentado, circular y ostentando de un bonito mascarón entre laureles. Las fachadas laterales con espacios comerciales en su planta baja, en el segundo nivel los balcones de algunas recámaras fueron arqueados, en cada piso se asoman nueve balcones por fachada, la simetría de ambas fachadas se rompe en el cuarto y quinto piso, el cuarto con elegantes frontones circulares y el quinto (que se construyó posteriormente) con muros inclinados al interior, resaltando sus balcones, que fueron rematados con frontones circulares. Cuenta con 261 cuartos, capacidad que marco un parte aguas en la industria sin chimenea. Entramos gustosos al hotel, el pasillo delimitado por columnas dóricas, dirigimos nuestros pasos al “Bar 1900”, nos sentamos en unos bancos de la barra a saborear unas Bohemias, entre tanto, apreciamos la atractiva barra y las aristócratas pinturas, de aires franceses. Luego pasamos al restaurante “Los Barandales”, admiramos la señorial escalera, curveada y con balaustres, subimos cuatro peldaños y tomamos una mesa del agradable comedor, donde degustamos del rico buffet de mariscos. El proyecto del hotel fue trazado en Paris, por los arquitectos Sauvage y Sarazin. Inició la construcción en 1909 y se inauguró el 26 de julio de 1912, con el nombre de “Gran Hotel Monterrey”, después se le cambió por Ancira, su dueño, Fernando Ancira. Posteriormente lo adquirió la familia Torrallardona. Se evoca como huéspedes a Pancho Villa y sus dorados. En 1982, se le consideró “Monumento Artístico y Patrimonio Cultural de la Nación”.

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