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Sábado, 23 de Marzo 2019

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Gimnasia y magnesia

Por: Diego Petersen

Gimnasia y magnesia

Gimnasia y magnesia

Confundir la gimnasia con la magnesia es una dicho popular que significa no distinguir una cosa de otra, hacer de las virtudes tragedias y viceversa. No sé de dónde venga este dicho, un poco extraño para nuestros días, pues la gimnasia es la práctica de un ejercicio físico y en su origen etimológico la palabra gymnós significa desnudo, pues en Grecia el ejercicio se practicaba sin ropa. Magnesia, por su parte, es una región de la Grecia Continental misma que dio nombre al elemento químico magnesia, que a su vez es el origen del nombre el fenómeno físico del magnetismo. ¿Qué tienen pues que ver la gimnasia y la magnesia? Nada excepto que las dos terminan en “-sia”. La confusión es más propia de Tres Patines de que una persona normal, pero ahora sí que así dice el dicho.

En algún momento del desarrollo de nuestra democracia confundimos la gimnasia con la magnesia, y perdimos el verdadero sentido y la función de los consejeros electorales. Es decir tergiversamos dos funciones que nada tienen que ver una con otra: la de experto en el manejo de elecciones y la de garante público de la legalidad y transparencia del proceso y al final, terminamos creando institutos y consejos electorales en los que los ciudadanos se sienten excluidos.

En casi 20 años de evolución de la democracia mexicana hoy tenemos cuadros técnicos de primer nivel que vieron su desarrollo topado en las instituciones y han tenido que buscar la salida a sus carreras en los consejos. Para lograrlo, han pactado con partidos y grupos políticos. Dicho en otras palabras, no sólo perdimos a los mejores cuadros técnicos sino que ganamos consejeros que no necesariamente tienen las habilidades para el cargo y que, además, llegan a ejercerlo muy acotados y desgastados por los procesos de selección.

En lo que nos equivocamos fue en crecer a los consejeros y no a los directores. En este trompicado avance de la democracia nuestra le dimos al Consejo atribuciones directivas que desvirtuaron el trabajo y el perfil de unos y otros. En el Instituto Electoral deberíamos tener directores de alto nivel, funcionarios de carrera seleccionados y promovidos por concursos de oposición y con sueldos superiores al de los consejeros. El Consejo, por su parte, debería tener muchas menos funciones operativas de las que tiene, un sueldo sustancialmente menor y una representación social más allá de los partidos.

Es cierto, el árbitro debe darle confianza a los que están en la cancha (ésa es la excusa de los partidos para repartirse los nombramientos), pero sobre todo a los que ejercemos (o no) el voto. El derecho a tutelar, votar y ser votado, es el de los ciudadanos y por extensión el de los partidos, verlo de otra manera es confundir la gimnasia con la magnesia.
 

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