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Gentrificación y continuismo político

Gentrificación y continuismo político

Gentrificación y continuismo político

La discusión sobre los planes parciales de desarrollo en Guadalajara va dejando en claro que, en materia de planeación urbana, el actual gobierno tapatío que encabeza Enrique Alfaro Ramírez tiene más de continuidad que de cambio y ruptura con los anteriores gobiernos emanados de los partidos Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN).

Al actual presidente de Guadalajara le gusta presentarse a sí mismo como un político diferente, y con ambiciones de hacer cambios históricos en los gobiernos que ha encabezado. Pero todo indica que se trata más de ciertas formas personales de gobernar y cambios cosméticos y de apariencia que cambios de fondo.

Creo que la discusión y debate sobre la planeación de Guadalajara y del resto de la zona metropolitana así lo muestra.

Guadalajara es una ciudad en crisis, un amasijo urbano desproporcionadamente extendido, con servicios insuficientes y de mala calidad, que genera cotidianamente para la mayoría de sus habitantes (especialmente a los más pobres) todo tipo de nocividades: en la salud, en lo emocional, en la calidad de vida.

Así como el resto del Estado se reordenó territorialmente en los pasados 30 años en función de la reorganización del capitalismo mexicano, a Guadalajara se le rediseñó para ser el destino de dinámicas de acumulación de capital orientadas a la industria electrónica, los servicios comerciales, turísticos, educativos y del espectáculo.

La ciudad ha cambiado drásticamente en las pasadas tres décadas, pero no para mejorar sino empeorar la calidad de vida de sus habitantes.

Los pobladores de esta urbe vivimos cotidianamente el riesgo de enfermedad por contaminación, con trayectos de desplazamientos cada vez más largos, con servicios insuficientes y tan precarios que una tormenta típica del temporal puede paralizar y poner en crisis a la ciudad. Eso no es obra del cambio climático o de que se tire la basura en la calle (aunque esos factores influyan): la ciudad es un caos debido a políticas estatales deliberadas y no por obra del destino.

Al amparo de las políticas neoliberales generales, la política urbana y de creación de vivienda también se privatizaron y se dejaron que fuera una alianza entre capital inmobiliario, comercial, turístico e industrial quienes decidieran hacia donde y cómo creciera la ciudad. De ese modo, el capital inmobiliario ha comprado tierras baratas, acumulado reservas urbanas, promoviendo la vivienda vertical a precios altos violando las reglamentaciones, acaparando las zonas mejor dotadas de servicios y movilidad, provocando con ello el desplazamiento de los sectores más pobres del centro de la ciudad. Vivimos en tiempos acelerados de gentrificación, una política urbana favorable al capital inmobiliario, al que los gobiernos del PAN, PRI y ahora Movimiento Ciudadano se han plegado.

Así se muestra en los planes parciales de desarrollo aprobados en el actual gobierno municipal. Alfaro, en lugar de hacer un cambio drástico en la política urbana que ha favorecido al capital, se ha convertido en uno de sus principales gestores. Es el mejor ejemplo de continuidad de una política urbana agresiva y contraria a la mayoría de la sociedad, para favorecer a unas pocas empresas y a una minoría adinerada. Eso no es cambio histórico; es continuidad de las políticas priistas y panistas.

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